Capítulo 10:

SU LABOR

Según me contaron Zipi, Rex y Noa la labor de las voluntarias era muy dura y costosa. Ellas no solo se encargan de sus casas y sus familias; muchas han de ir a un lugar que llaman trabajo. Pero ‘cada día’ sin excepción preparan su bolsa y salen a su visita diaria con los callejeritos. A pesar de que los demás –incluidos sus familiares– no las comprendan o hasta las cataloguen como  ‘la loca de los gatos’.

Compran de su bolsillo comida seca y húmeda con la que colma de atenciones a nuestros compañeros cada día. Llevan garrafas con agua fresca, cacharros limpios donde podamos comer y beber sin temor a coger parásitos o por si los humanos los han tirado porque no les caemos bien. Los abuelitos tienen su ración especial, llevan expresamente alguna latita de comida blandita para que no mastiquen mucho. Controlan que todos acudamos a la cita y si alguno falla lo buscan en los alrededores por si ha quedado atrapado o encerrado. Se aseguran de que tengamos buen aspecto y no presentemos heridas. Han de estar atentas incluso a los sonidos leves. No es la primera vez que las voluntarias escuchan maullidos suaves de chiquitines en una de sus colonias y al investigar se da cuenta de que alguien ha abandonado una camada en una cajita deshaciéndose de ellos, acallando su moribunda conciencia pensando que allí se les alimenta y cuida, y ellas los sacará adelante. Otras veces el problema viene porque la madre en su búsqueda de alimento sale, tiene algún accidente y no regresa, quedando los pequeños abandonados y en grave peligro de emprender viaje al arcoíris. En cada grupo de callejeritos a los que llaman colonias están atentas a  nuevos miembros. Una parte importante de su cometido es controlar el número de integrantes, que no se desborde y terminemos malnutridos y enfermos. Para esto ponen en práctica el método internacional CER que es Captura Esterilización y Retorno. Se familiarizan con los integrantes de esa colonia dándoles de comer en una zona y hora determinadas. Esto les da confianza y hace que se acerquen más. Cuando van a capturar preparan lo necesario, se aseguran de que la jaula funciona y que no hiera al compañero que entre, que esté colocada en el lugar idóneo, bien asentada y que dentro tenga comida apetitosa como atún natural, sardinas, paté, etc. Ellas se sitúan a una distancia idónea para no asustarle con su presencia.

Una vez ha entrado lo mejor es tapar lo más rápido posible la jaula con una sábana o manta y que no se estrese debido a que la oscuridad nos tranquiliza. Lo trasladan a la clínica lo antes posible minimizando el susto. Una vez esterilizado y desparasitado hace el postoperatorio que pauta el señor de la bata verde. Después sale en un trasportín camino de su colonia. Las voluntarias se aseguran de que esté bien cerrado y tapado. Al llegar a su colonia observan cual es el mejor lugar libre de peligro pues saldrá disparado a esconderse. Algunos callejeritos son fáciles de capturar, otros son muy desconfiados y han de agudizar el ingenio utilizando diferentes herramientas, cambiando el cebo que nos ponen para atraernos y manteniendo limpias esas herramientas para no percibir el olor a miedo que otros compañeros han dejado al pasar por ahí. Vigilan   que se les vea lo mínimo posible; teniendo la comida segura y estando esterilizados pasamos mucho tiempo descansando de ahí que ellas salgan de noche no exponiéndonos más de lo necesario.

Si hay algún pequeñín que necesite cuidados buscan un hogar temporal – llamado casa de acogida- en el que recibe todo lo necesario incluida  la medicación. Si es dócil y cariñoso buscan una nueva familia que lo adopte, lo único que piden es que regularmente la envíen fotos del compañero para ver lo lindo que está. Extienden esos cuidados a los mayores, nuestros compañeritos viejecitos necesitan en sus últimos días un lugar tranquilo en el que poder descansar y quitarse del frío, la humedad, el calor abrasador y sobre todo los peligros de la calle. A veces hay que llevar a alguno al veterinario y ‘ayudarle a que cruce el arcoíris’ debido a alguna enfermedad terminal o algún accidente grave sin posibilidad de recuperación; en esos momentos lo acompañan dejándolas el corazón roto de dolor del el cariño que le tienen.

Si la colonia está en un lugar protegido y poco accesible a otros humanos  se esmeran en acondicionarles lugares donde poder descansar resguardados del frío y la lluvia reutilizando materiales que otros humanos tiran a la basura, cuidando el medio ambiente, manteniéndolo  lo más limpio posible porque este planeta es la casa de todos y tenemos que conservarlo en las mejores condiciones. 

Además han de cuidarse de vigilar que otros congéneres ‘con su buena fe’ no provoquen más daño pues algunos no comprendiendo esta ardua pero necesaria labor limpian sus conciencias poniendo los restos de sus comidas caseras –crudas o cocinadas- sin ningún cuidado ni control, fomentando que lo que era alimentar a uno o dos callejeritos llegue a ser un grupo numeroso, descontrolado, enfermo y desnutrido que provocan tanto las quejas de los que no les caemos bien como las de los que les gustamos, unos porque ven el gran número y otros el deplorable estado. Sin mencionar la acumulación de suciedad, grasa, cucarachas, hormigas y ratas que atrae la falta de control y limpieza.

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