Capítulo 12:

LOBOS CON PIEL DE OVEJA

Un día que llovía y no apetecía nada pasear para volver chorreando y llena de barro, Xiàn me contó lo que otro compañero de refugio la explicó sobre humanos que se hacen pasar por solidarios y que en realidad son ‘lobos con piel de oveja’. Ella comenzó así: ‘‘Estando en el refugio pude conocer a muchos compañeros perrunos que me contaron sus vivencias. Las que más me impactaron fueron las de los falsos animalistas que se aprovechan de los corazones sensibles consiguiendo ganancias fáciles. Es triste que haya muchos que no se solidaricen ni con sus congéneres, ¡cuánto menos con nosotros –los seres vivos que consideran inferiores-! Pero lo más aberrante aún es que –movidos por una ambición sin límites- se aprovechen de nosotros y nuestro sufrimiento obteniendo dinero rápido. Además de que una vez que estas estafas y engaños salen a la luz los que tienen corazones solidarios quedan tan decepcionados que al final dejan de ayudar a las verdaderas voluntarias debido a la desconfianza, pagándolo nosotros los inocentes’.

         Uno de los compañeros víctima de esos lobos disfrazados me contó su vivencia. ‘Cuenta, cuenta, que me tienes intrigada’ le dije. Ese compañero fue a parar allí cuando le abandonaron junto con sus cinco hermanitos; alguien solidario y sensible pensando que en ese refugio cuidarían de ellos.

Terminamos todos juntos en la misma jaulita sin siquiera ver nuestro estado de salud. Era una habitación fría, húmeda, poco ventilada y llena de jaulitas que estaban a rebosar de pequeñines. Los gemidos eran interminables, el brazo de la enfermedad abrazaba todos los rincones y el que sobrevivía o tenía o una estrella en el cielo que lo protegía o muy buena salud. Los 5 hermanitos nos arremolinamos para darnos calor y seguridad ya que el miedo impregnaba el ambiente. Cada día era el último de muchos cachorrillos allí. A nadie parecía importarle. El único que entraba era un humano con un cubo de comida mugrienta y en malas condiciones que después de vaciar hasta donde llegara (los demás ese día ayunaban) lo iba llenando con los cuerpecitos sin vida de los fallecidos. El olor era insoportable y debido a la ausencia total de higiene los excrementos se acumulaban en todas las  jaulas. Al estar unas sobre otras las que había más arriba eran las que estaban menos sucias; las peores eran las del suelo pues la acumulación de tanta suciedad las había oxidado. Sobra decir que los pobres cachorrillos que estaban allí eran los primeros en cruzar el arcoíris. Cualquier herida, infección o irritación de la piel en esas circunstancias era peligrosísima porque de ahí a la infección era cuestión de tiempo, muy poco tiempo.

         Algo que sobraba en ese ‘refugio’ eran los malos tratos, sin ningún motivo había veces que entraba algún humano con un palo en la mano y comenzaba a repartir golpes y gritos a diestro y siniestro. Todos intentábamos escapar de esa violencia, por desgracia el más débil no podía, caía víctima y cruzaba el arcoíris. Debido a que la pésima alimentación hacía de las suyas en nuestro organismo, no teníamos ni energía para jugar con otros compañeritos. Desgraciadamente mis hermanitos fueron cayendo uno a uno sin poder remediarlo. Llegó el día en el que el último de ellos me dijo: ‘sé fuerte, eres el único sano que queda de nosotros y has de sobrevivir como sea. Intenta no juntarte con los que estén enfermos. Come todo lo que puedas y no le hagas asco a nada, todo esto terminará algún día y podrás salir de este infierno’.

A pesar de las condiciones en las que nos tenían, no paraban de entrar nuevas víctimas. Había unas preguntas que giraban sin parar en nuestras inocentes cabecitas: ¿nos habremos portado mal y esto es algún tipo de castigo? ¿o es que somos tantos que nos traen aquí y que la naturaleza sea la que escoja el que ha de vivir y el que no, valiéndose de la ley del más fuerte? Tiempo después obtuve todas las respuestas a esas duras cuestiones.

         Empezamos a ver movimiento en el refugio. Cada cierto tiempo abrían las celdas. De los más activos y movidos por ver qué ocurría se llevaban a unas decenas; yo al estar junto a los más viejitos y desvalidos dándoles compañía y ánimo no me cogieron. Pensé que esos ya marchaban a una vida mejor, sin penurias, sin privaciones de lo más necesario, sin sufrimiento……. El tiempo se encargaría de refutar ese pensamiento. Las salidas de miembros jóvenes fue en aumento y las entradas de nuevos también, lo curioso es que la alimentación mejoró un poquito para los que estábamos en esa franja de edad. Daba la impresión de que querían que luciéramos lo mejor posible y que gustáramos a los adoptantes. Las condiciones del resto seguían terroríficas.

         La curiosidad nos corroía a todos los jóvenes, ¿cuándo será nuestro turno? ¿nos adoptarán humanos solidarios y bondadosos? El desespero por salir de aquel lugar llevó a que un día al abrir la jaula para una nueva selección algunos  salieran corriendo en busca de sus supuestos adoptantes. Ni qué decir tiene que el enfado que cogieron los humanos unos con los otros fue monumental y al final el que lo terminó pagando fue el más débil de la jaula que recibió la última golpiza de su triste y corta vida.

         Como esta vez el silencio fue sepulcral al ver la que se había formado con la estampida pude agudizar el oído y escuchar la secuencia. Mis compañeros iban ladrando exaltados, les introducían en algún lugar cerrado porque disminuía mucho la fuerza de su ladrido, se oía una puerta cerrarse, después un motor ponerse en marcha y alejarse poco a poco. Los escogidos eran trasladados a algún lugar, ¿estarían allí los adoptantes? ¿o sería algún refugio con mejores cuidados y alimentación? Más adelante estas dudas se disiparon. Por lo visto habíamos pasado de ser meros objetos indeseables metidos en un trastero y dejados a su suerte, a ser importantes. Escuché a un grupo de humanos salir del ‘refugio’ justo después de que el ruido del motor se perdiese en la lejanía buscando a los compañeritos que se habían escapado.

Al tiempo volvieron con uno y lo encerraron en mi jaula. Cuando todo se calmó me acerqué a él y le pregunté qué había ocurrido. Me explicó que nada más salir se escondió y pudo ver que había dos humanos a los que no había visto ni oído nunca. Eran diferentes a los que habitualmente nos maltrataban, mucho más altos y corpulentos, además se comunicaban entre ellos con unos sonidos diferentes a los que emitían los de aquí. Estaban junto a una caja grande, oscura y hermética llena de jaulas pequeñas donde introdujeron a nuestros compañeros. Lo último que hicieron los extraños fue darles un fajo de papeles todos iguales y del mismo color a nuestros ‘cuidadores’, se montaron en la caja y se marcharon. Mientras aquí comenzaron a repartirse esos papeles muy contentos.

Las visitas de esos extraños se sucedían cada vez con más frecuencia, y los días  en los que ocurrían nuestros ‘cuidadores’ se volvían más alegres, aunque eso no mejoraba ni un ápice nuestras condiciones de vida.

Un día recibimos una visita inesperada. Unas humanas empezaron a recorrer las jaulas, tomando notas y haciendo fotos, solo a los que ellos dejaban. Se notaba que lo que veían las afectaba, la preocupación y el dolor se percibía en sus miradas.  Yo me acerqué a los barrotes para llamar su atención y si buscaban un ser vivo que adoptar que me eligieran a mí. Debí de gustarlas porque me dedicaron unas caricias muy suaves en mi hocico y una me dijo bajito: ‘Tranquilo guapetón que hemos venido a ayudaros’. Los humanos del ‘refugio’ las vigilaban muy de cerca. Una vez que terminaron de recorrer las jaulas empezaron a hablar con ellos. Parecía una negociación, no tan agradable como la que tenían con los extraños de la caja. Al final llegaron a un acuerdo, les dieron de esos papeles que tanto les gustan y se llevaron a algunos de los que peor estaban y que tuvieron que cargar en brazos; debían de llevar alguna caja similar a la que nos visitaba regularmente pues escuché un ruido que se iba alejando poco a poco.

El día a día seguía igual, ausencia casi total de alimento –solo nos tiraban sobras y cosas en estado de putrefacción- ración habitual de golpes, gritos, excrementos, enfermedades y bajas. Lo que nos daba algo de esperanza eran las visitas de los humanos que traían esa caja en la que se llevaban a compañeros, era la única manera de salir de allí vivos.

Pasaron algunas semanas, volvieron las humanas solidarias, ¡y traían uno de los compañeros que se llevaron en brazos andando solo y con un aspecto impresionante! Le llamé y cuando se acercó le pregunté a qué se debía ese cambio, me contó que esas humanas tienen un verdadero refugio, que nada más llegar le llevaron a una habitación muy limpia donde una de ellas con una bata verde le miró con muchos artilugios, le tuvieron una semana allí acostadito con un tubito pinchado en una de sus patitas. Me contó que le dan de comer 3 veces al día  unas bolitas llamadas pienso y que están deliciosas. Las jaulas son muy limpias y les sacan a pasear cada día por el campo. Allí reciben las visitas de otros humanos que desean adoptar y muchos marchan a sus nuevos hogares, a veces hasta han de hacer viajes largos pero siempre les acompaña una voluntaria que se asegura de que todo vaya bien y que los compañeritos estén tranquilos.

Me comentó que las fotos que nos hicieron las meten en un lugar llamado internet y al que pueden entrar todos los humanos en todas partes para vernos, así las posibilidades de encontrar hogar –cerca o lejos- se multiplican. ‘¿Me están buscando hogar? ¡A mí me hicieron una de esas fotos!’ le dije exaltado. Me contestó que el primer día que vinieron solo se pudieron llevar a los peores debido a que nuestros ‘supuestos cuidadores’ les pidieron esos papeles que les ponen tan contentos y ellas -como son voluntarias- tienen muy pocos, pudiendo llevarse solo a los más moribundos por su escaso valor para nuestros ‘cuidadores’. El resto de fotos las han metido en ese internet contando cómo vivimos para que otros humanos solidarios nos ayuden. Gracias a esa difusión están recibiendo ayuda de todas partes y han podido preparar un lugar en su refugio acondicionado especialmente para los que puedan ir sacando de este infierno. ‘Aguanta y sobre todo evita que te cojan los extraños de la caja que vienen cargados de esos papeles porque no son buenos’. ‘¿Cómo que no son buenos esos extraños? ¿Es que no se llevan a nuestros compañeros a sus nuevos hogares? ¿Cuánto tiempo más he de aguantar? ¿Cómo evitaré que me cojan esos extraños?’ Pregunté, no hubo respuesta debido a que llegó la hora en que tenían que marcharse.

Quedé aturdido con esas palabras, ‘cuidado con los extraños, que no te cojan, cuídate……’ ¿cómo lo haría? Si esa era hasta hace poco la única esperanza de salir de aquí. ¿Querría decirme que esos extraños realmente no se llevaban a los compañeros a sus nuevos hogares de adopción? ¿Para qué se los llevaban y a donde?

Las dudas y el temor iban apoderándose de mí cada vez más. Según pasaban los días y se acercaba la posibilidad de otra visita yo me ponía más y más nervioso. Se me ocurrió ir repasando mentalmente la secuencia de sonidos que había memorizado minuciosamente y ver si encontraba algo. Repasé una y otra vez, cada detalle…….. ¡Hasta que di con la clave!. Mi compañero me había abierto los ojos y ahora lo veía claro. En esas visitas solo desaparecían los que se mostraban más activos y deseosos de salir, al no preocuparles nuestro estado de salud, cogían los que se arremolinaban en las puertas de las jaulas pues era lo más fácil. Como yo me hallaba en el interior junto a los más viejitos y debiluchosa se llevaban a unas decenasqu visita de las voluntarias, ya no me interesaban lo malud los extraños pensaban que buenos’s y sac, nunca me cogían, ahí pude ver el valor de la solidaridad y la ventaja de no ser egoísta, el preocuparme por los más necesitados fue mi providencial salvación. La clave era pasar lo más desapercibido posible, siempre rodeado de los más débiles de esta manera  ni me verían. Sin embargo esa fue la razón que llevó a la voluntaria a acercarse a mí, me acarició y me hizo la foto, porque se solidarizó con los más necesitados y concluyó que yo –estando junto a ellos- también lo era. La preocupación, el nerviosismo y el temor dieron paso a la excitación por que llegara la siguiente visita de las voluntarias, ya no me interesaban lo más mínimo los extraños y su caja.

Pero desafortunadamente esas visitas continuaron, y en una de ellas ocurrió algo inusual. Uno de nuestros ‘cuidadores’ abrió mi jaula y se vino derechito hacia mí. Venía con un palo, pensé que ese día me iba a tocar una buena paliza y posiblemente cruzaría el arcoíris. Cerré los ojos y comencé a temblar. Noté una cuerda alrededor de mi cuello y un tirón que me obligó a ponerme en pié y abrir los ojos. Resultó ser un lazo con el que cogían al compañero que querían. Me puse a caminar y me llevó hasta aquella caja. Pude ver a los extraños y sus manos llenas de esos papeles que tanto alegraban a nuestros verdugos. Me metieron en una de esas jaulitas en la que íbamos hacinados un buen grupo y la cerraron. Mil pensamientos corrieron por mi cabeza en esos instantes. ¿A donde me llevarían? ¿Qué me harían?….. no tenía respuestas y nada bueno intuía, lo que sí estaba claro es que mi estrategia no había dado resultado debido a alguna razón que yo no sabía. Seguían trayendo compañeros y metiéndolos en estas mini jaulas. Algo que me llamó la atención es que esta vez todo sucedía mucho más rápido, aunque como era la primera vez que lo veía desde este lado no sabía si esa impresión era correcta.

Siguieron cargando compañeros hasta que ya no cabía ni uno más. Cerraron las puertas de la caja. La oscuridad era total, la sensación de asfixia grande y el silencio sepulcral. Empezó a vibrar y a moverse. El traqueteo era tremendo y los vaivenes insoportables, solo nos paraban los barrotes de hierro clavados en nuestras costillas. De golpe se paró todo el movimiento. Escuchamos a los extraños gritarse entre ellos y de fondo el grito de unas humanas.

No pasó mucho tiempo cuando las puertas de la caja se abrieron. La luz del sol nos deslumbró de tal manera que estuvimos unos minutos sin ver nada de nada, lo que sí que pude escuchar fueron las voces de las voluntarias. ¿Qué hacían ellas allí? ¿Qué relación tenían con la caja y los extraños?

Cuando recobré la visión pude ver como estaban acercándonos cacharros con agua para que bebiéramos. Por el tono de voz que tenían, las voluntarias les dieron unas serias advertencias a los extraños y volvieron a cerrar las puertas de la caja. De nuevo la oscuridad lo invadió todo. La caja volvió a ponerse en movimiento y volvieron los vaivenes infernales, hasta que volvió a pararse todo. Las puertas se abrieron otra vez y me di cuenta de que  habíamos vuelto al ‘refugio’. Los ‘cuidadores’ y los extraños esta vez tenían muy mala cara. Les exigieron algo, debían ser esos papeles que acababan de darles los de la caja con ruedas a nuestros ‘cuidadores’ y que tan alegres les ponían al recibirlos.

Parecía que ellas tenían el mando ahora. Empezaron a abrir las jaulitas y a sacarnos de allí. No había estado mucho tiempo y aquello parecía un horno asfixiante y agobiante. Pude ver al compañero que me advirtió del peligro de los extraños y me fui directo a preguntarle. ‘¿Qué está ocurriendo? ¿Por qué esta vez me han escogido a mí a pesar de haber seguido tus consejos?’. Todo esto es un plan que han trazado ellas para desenmascarar a estos ‘falsos cuidadores’ que son ‘lobos vestidos con piel de oveja’. Me explicó que ellas habían puesto mi foto y la del resto de compañeros que estábamos en esa caja en ese internet a sabiendas de que se montaría tal revuelo que llegaría a los oídos de nuestros verdugos el aviso de que iban a venir muchos voluntarios de otras partes y si comprobaban que estábamos allí en esas pésimas condiciones se lo harían pagar muy caro. Por el desespero y la ambición –que era lo único que les movía-  decidirían deshacerse de todos así cuando vinieran no nos encontrarían y las voluntarias quedarían mal por mentirosas. Claro, no querían perder la oportunidad de conseguir un buen puñado de esos papeles decidiendo deshacerse de todos vosotros vendiéndoos a los extranjeros. ¿Vendiéndonos?’ Sí, compañero. Eso es lo que ellos hacían con todos los que sobrevivíamos en ese campo de tortura llamado ‘refugio’. Nos vendían a esos extraños que nos llevaban a lugares lejanos, unos en dirección a los laboratorios clandestinos para experimentar sus productos y otros hacia unos lugares fuera de la legalidad en los que humanos pervertidos están dispuestos a dar muchos de esos papeles con tal de hacer cosas muy feas con nosotros; cosas que no harían ni entre ellos y que además de hacernos mucho daño físico también nos deja otro tipo de daño más difícil de soportar.

Nos devolvieron a nuestras respectivas jaulas y el compañero me dijo que con los papeles que les habían quitado iban a ampliar y adecuar su refugio para acogernos a todos pues estaban preparando la entrada de las autoridades, recopilando información y pruebas. Una vez que se parara el funcionamiento de este ‘refugio’ tendríamos que pasar al suyo y recibir todo tipo de atención especializada que no habíamos recibido aquí. ‘Aguanta, vigila y pasa desapercibido. Solo así podrás sobrevivir. En cuanto esté todo listo vendremos aquí y os liberaremos. Pase lo que pase no salgas corriendo, mantén la calma y no te muevas porque os liberarán’ me advirtió.

Huelga decir que desde ese momento los ‘cuidadores’ no se atrevieron a ponernos una mano encima, la comida y bebida no nos faltaba. Yo fui avisando a los compañeros que pude de la situación y de lo que tenían que hacer pero los humanos que nos ‘cuidaban’ se encargaron de acelerar los acontecimientos. Ellos prepararon su huida para evitar caer en manos de las autoridades.  Una noche de invierno vinieron a una hora no habitual, hacía frío y estábamos todos ya arremolinados unos con otros para aguantarlo. De repente uno de ellos  empezó a abrir las jaulas y todos empezaron a huir despavoridos. También abrió la jaula donde había algunos gatos. La que se armó no fue pequeña. Todos, perros y gatos, salían disparados corriendo en todas direcciones, con el agravante de que algunos compañeros al ver a los gatos correr les entró el instinto y comenzaron a perseguirlos. En las inmediaciones había una carretera muy transitada, de noche con frío y niebla se convirtió en una trampa mortal. Muchos compañeros tanto perros como gatos fueron atropellados y cruzaron el arcoíris. Cuando en el verdadero refugio recibieron la llamada urgente debido la situación que se estaba viviendo movilizaron a todos los voluntarios preparados para la acción y fueron rápidamente. Se encontraron con un espectáculo dantesco: animales atropellados, otros accidentados y muchos desaparecidos. Dentro solo quedábamos un gato que por estar enfermo no pudo salir huyendo y yo que hice caso de la advertencia. Los vecinos de la zona colaboraron todo lo que pudieron, muchos acogieron a perros escapados y después los adoptaron. A mí me llevaron al refugio de las voluntarias – allí sí que recibí todo tipo de atenciones y mimos.

Esta fue la historia que me contó Xiàn acerca de los falsos humanos que se aprovechan de los buenos sentimientos y la solidaridad de otros congéneres con el objetivo de conseguir muchos papeles de esos.

Estos falsos animalistas utilizan una herramienta muy potente a su alcance, internet, que no es otra cosa que una red de humanos conectados a través de unas máquinas. Esa red alcanza a miles de millones de ellos, lo que les posibilita contactar con muchísimos a la vez. Conocedores de este potencial estos humanos egoístas y ambiciosos, sedientos de esos papeles se escudan tras el anonimato fabricándose una identidad falsa. Se relacionan con los verdaderos amantes de los animales y van lanzando peticiones de ayuda para falsos casos de maltrato o situaciones límite de seres vivos, así mueven los corazones de los verdaderos animalistas que les envían sus ansiados papeles. Se han dado casos de peticiones que han llevado las mismas fotos distanciadas en el tiempo, con la misma historia o diferente y con un denominador común: tocar la fibra sensible. Cuando se les ha preguntado por el estado del ser vivo o su situación han callado o han desaparecido.

En otros casos hacen fotos a los callejeritos de tal manera que el problema parezca más serio de lo que es y los humanos solidarios se movilicen y donen todos los papeles que puedan. Así logran conseguir más y vivir del engaño. Aún otros han llegado a ser responsables de refugios donde -en vez de ayudarles- se lo han quedado privándoles esa ayuda imprescindible. En ocasiones hasta haciéndoles cruzar el arcoíris anticipadamente, con mucha agonía y sufrimiento. Todos estos humanos ‘inhumanos’ son dignos de recibir el pago justo por todo el sufrimiento que causan. Llegan a desmoralizar y desengañar a los verdaderos animalistas de tal manera que ya no confían en nadie y dejan de ayudar a los que verdaderamente lo están haciendo bien privando a los seres vivos abandonados de la ayuda que merecen y que los humanos solidarios han decidido donar.

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