Capítulo 16

INICIATIVA

Un día recordé que cuando yo estudiaba en la universidad había visto en los jardines por casualidad un pequeño cobertizo hecho con trozos de madera y plásticos reutilizados. Pregunté pero ningún compañero supo darme explicación acerca de su propósito. Tiempo después, estando sentada en el césped entre clase y clase vi merodeando como un gato entró en el casucho. Acto seguido una de las docentes se acercó con bolsas y, de golpe, un grupo de gatos acudieron al lugar rozándose con sus piernas. No le di más importancia pero ahora concluí que aquello debía de ser una colonia felina dentro de las instalaciones de la Universidad y decidí llamarles para ver si podían aconsejarme.

Contacté con uno de mis profesores le sorprendió mi llamada y se interesó por mi situación, máxime cuando no había vuelto a tener ninguna noticia mía desde que me quedé en paro y dejé la última asignatura pendiente de terminar y la carrera aparcada. Después de comentarle donde me había llevado la vida –al otro extremo de la península- expliqué la labor que mis amigas llevaban a cabo desde hacía años con el grupo de terapia y el refugio de animales. Me confirmó la presencia de una colonia en los jardines del campus cuidada por un grupo de docentes voluntarias. Como era un tema que nunca había tocado se iba a informar para ver lo que se podía hacer.

Mientras, el tiempo transcurría, el día a día era agotador. Lo más extenuante no era el tremendo trabajo sino la cantidad de casos a los que ayudar. Según me comentaron mis amigas en época de caza todo se multiplica, no solo la cantidad de perros y animales salvajes malheridos necesitados de atención por llegar en un estado lamentable, también la factura veterinaria que se inclementa por sus cuidados, curas y atención. Pero, a la vez, es reconfortante por la sensación de utilidad y de dependencia que esos seres vivos forjaban con nosotras al vernos como sus ángeles de la guarda. Es milagroso ver el milagro de la recuperación cuando perciben un poquito de amor; por eso nosotras tenemos colgada en la pared de la entrada del refugio la frase: “El amor todo lo cura”.

Pasadas unas semanas recibí contestación de mi antiguo profesor de universidad en forma de llamada de teléfono. Su explicación estuvo cargada de tecnicismos y como ya no estaba acostumbrada solo entendí algunas cosas. A pesar de ello, decidí convocar una reunión para transmitir la información a todas las voluntarias así evitaríamos malentendidos .

Al día siguiente, justo después de una sesión de terapia grupal, pedí la palabra. Mis tres amigas estaban expectantes, no sabían mi propósito. Expliqué que unas semanas atrás se me había ocurrido llamar a mi tutor de la universidad porque recordé como ciertos maestros cuidaban una colonia de gatos en los jardines del campus. La devolución de la llamada se había producido en día anterior y lo único claro es que iban a enviar una delegación a hacernos una visita para tener una idea completa de la situación y entonces estudiar y sopesar todo lo que se podía hacer. Las reacciones no se hicieron esperar. Unas aplaudieron de emoción, otras sonrieron con esperanza y el resto se dividió entre la sorpresa y el miedo por si cuando lo vieran aconsejarían cerrarlo debido a las numerosas carencias y la falta de los permisos pertinentes. Sobra decir tiene que ese tiempo de himpas lo aprovechamos para adecentar más si cabe el refugio y los acogidos.

A la semana recibimos el aviso de que la comitiva salía con rumbo a estos lares y llegaría al día siguiente en el tren. No teníamos que preocuparnos por ir a recogerlos porque ya habían alquilado una furgoneta para desplazarse con total autonomía y no suponiéndonos ningún problema debido a nuestra apretada agenda diaria. Con puntualidad anglosajona se presentó la comitiva de la Universidad en el Centro de Salud. Estábamos esperándoles ansiosas y a la vez temerosas. Una vez estuvimos tod@s presentad@s y saludad@s emprendimos camino al refugio. Allí tomaron buena nota de la situación y las necesidades, además de hacer muchas fotos y tomar un sinfín de medidas incluso con aparatos laser. Nos colmaron de preguntas, para algunas de ellas no teníamos idea y ni respuesta. También se interesaron por ver algunas colonias felinas y los materiales que reutilizábamos para dignificarlas. Como era normal la Alcaldesa también quiso agasajarlos con una reunión-comida en el Concello con todos los concelleiros presentes. Además de degustar los manjares típicos pudieron recibir respuestas técnicas del proyecto, el estado legal del refugio, los permisos, etc.. Acto seguido se marcharon rumbo a la estación para tomar el tren de vuelta y elaborar el ansiado proyecto sin soltar ni una palabra.

La envergadura del trabajo agotaba sobre todo mentalmente, había que agudizar todos los sentidos para dar la ayuda necesaria. Un día de esos tenía que atravesar el puerto de montaña para hacer la compra más grande del mes en los supermercados de la pequeña Quiroga. Casualmente observando en el autoservicio me di cuenta de la cantidad de alimentos desaprovechados a diario por cercanía a su caducidad o por tener alguna pequeña picadita, como el caso de frutas y verduras.

Una vez llegué al refugio, estando con mis compañeras, lo comenté. Inquirí su opinión al respecto y ocurrió algo sorprendente: comenzó un aluvión de ideas; tal fue la avalancha que nos vimos en la necesidad de aplazar la charla para hablarlo con más calma después de la siguiente sesión de terapia. Lo único claro fue la cantidad de ideas que todas teníamos para obtener recursos imprescindibles, reutilizando sin costo alguno, productos u objetos muy necesarios para el refugio.

Llegó el momento de la reunión. Todas queríamos hablar; habíamos pasado la noche dándole muchas vueltas a la cabeza y veníamos cargadas de ideas muy buenas. Establecimos turnos de palabra y comenzamos ordenadamente a exponerlas, mientras yo hacía de secretaria poniendo todo por escrito todo. El documento-resumen fue el siguiente:

  • En el Centro de Saúde (Salud) tiran cajas de porexpan donde transportan las medicinas perecederas, serían un excelente aislante para que los gatos de las colonias felinas puedan protegerse del frío y descansen calentitos.
  • En el punto SIGRE de las farmacias, los clientes depositan algunos medicamentos que pueden usarse para tratar a nuestros acogidos, y como aquí están especializados en medicina veterinaria por la cantidad de ganaderos, los apartarían para nuestro uso.
  • En los supermercados retiran fruta y verdura madura o dañada, también comida envasada a punto de caducar, que no se puede poner a la venta y que nos vendría muy bien para alimentar a nuestros acogidos.
  • En el desguace de vehículos tienen neumáticos con una larguísima vida con los que podemos hacer camitas para los canes. Así pondremos nuestro granito de arena evitando que terminen tirados en descampados contaminando el precioso entorno.
  • El hijo de una de nuestras compañeras trabaja en una Asociación donde reciclan material electrónico. A las carcasas de plástico de los monitores antiguos no le han encontrado utilidad y nosotros podríamos convertirlas en camitas para los acogidos. Decoradas pueden venderse en los mercadillos para las mascotas caseras. Esto nos ayudaría a conseguir más fondos para sufragar los gastos.
  • Las panaderías desechan pan y bollería sobrante muy apropiada para algunos animales.
  • La recogida y el posterior traslado al refugio de estos productos lo realizarán las compañeras que viven cerca. De esta manera dispondremos de un suministro regular sin hacer largos desplazamientos ahorrando tiempo y viajes.
  • Tampoco hay que olvidar que en otoño las habitantes del refuxio (refugio), en sus momentos de descanso, dan paseos por los bosques colindantes aprovechando para recoger las castañas caídas. Luego las secan ahumándolas en el lume y disponiendo de una buena reserva de comida para algunos acogidos durante el duro invierno.

Dicho y hecho, empezamos a poner en marcha todas esas iniciativas y fue impresionante la cantidad de alimento y material que comenzó a llegarnos.

Aunque estábamos muy atareadas, los días pasaban y la angustia y preocupación iban haciendo mella en el ánimo colectivo esperando noticias de la Universidad.  Pasado un tiempo, que nos pareció eterno, volví a tener contacto con mi profesor. Me dijo que habíamos de determinar si queríamos seguir hacia delante o continuar como hasta ahora. Si decidíamos dar nuestro consentimiento volverían a hacernos una visita para presentar el proyecto delante de todo el grupo y algunos responsables más.

En la siguiente sesión de terapia volví a pedir la palabra. Expliqué, lo mejor que pude, el mensaje de mi interlocutor, esperando que todas hubieran entendido lo máximo. Mis tres amigas ya no sabían cómo reaccionar al ver el cariz que aquello estaba tomando. Siendo todavía escasa la información y nuestra visión muy limitada, decidimos por mayoría tirar hacia delante, envueltas en una mezcla de emoción y miedo a partes iguales no sabiendo a ciencia cierta donde nos estábamos embarcando.

Según se acercaba la fecha recibimos la visita de la Alcaldesa. Nos informó sobre la reunión prevista con la comitiva de la Universidad en la que también estarían ella y los responsables municipales. Eso nos inquietó más aún.

Pero ahí no quedaba todo: días antes nos informaron que también vendría una delegación de la Diputación Provincial de Lugo y de la Xunta de Galicia encabezada por altos cargos de las Consellerías do Medio Rural y do Medio Ambiente. Al enterarse el resto de compañeras comenzaron a inquietarse no sabiendo cómo actuar. Estábamos hechas un flan con tanto responsable público; ¿por qué se había liado aquello? ¿Cómo una simple iniciativa de un puñado de víctimas de violencia de género había llamado tanto la atención?

La noche de antes los nervios no nos dejaron pegar ojo. Era la primera vez que íbamos a ser anfitrionas de altos cargos institucionales sin olvidar el objetivo de la reunión: enteraríamos de la solución que nos traían los enviados de la facultad. Llegó el día de la presentación. Todas, sin excepción, teníamos los nervios a flor de piel. Recibimos a las comitivas con nuestras mejores galas.

Entramos en la sala de reuniones del Concello y nos sentamos, aunque parecía que las butacas estaban llenas de alfileres impidiéndonos parar quietas un instante. Comenzaron a tomar la palabra uno a uno los miembros de las diferentes delegaciones, primero la universitaria con mi profesor a la cabeza. Hablaron un poco sobre los orígenes del refugio y cómo aquello había sido iniciativa del grupo de terapia de víctimas de violencia de género. Comentaron que para ser un lugar remoto y perdido entre valles de zona montañosa había demostrado ser un proyecto único y novedoso, todo un ejemplo a seguir no solo para el resto del país sino Europa entera. Nosotras quedamos alucinadas al escuchar eso.

La Alcaldesa alabó la pionera labor puesta en marcha por Carmiña junto con el anterior médico de la comarca, atrayendo el interés de una Universidad de las más importantes del país y de las instituciones públicas hacia este despoblado y perdido valle. Eso, acaecido décadas atras, era el motor que iba a acelerar la marcha a partir de hoy.

Las delegaciones de la Diputación y la Xunta escuchaban atentamente, como nosotras pensando que hablaban de unas desconocidas.

Llegado el momento, se apagaron las luces y comenzó la proyección de un audiovisual. Daba la impresión de estar en un cine de los de la capital un día de estreno. Primero fueron mostrando las fotos del estado actual del refugio, la situación, las instalaciones y demás. Para que las delegaciones de la administración autonómica pudieran hacerse una idea del árduo trabajo realizado hasta ahora y de la tremenda labor diaria realizada solo por nosotras. Acto seguido comenzó lo que nos pareció una película de ciencia ficción. Con realidad virtual 3d mostraron el proyecto que habían elaborado teniendo en cuenta ingenieros, técnicos y todos los profesionales necesarios. Vimos las instalaciones nuevas, adecuadas a las necesidades y las normativas vigentes según los expertos, integrándose en el entorno rural de la comarca, diseñadas con materiales sostenibles y hasta energías renovables. Nos parecía estar presenciando un sueño, algo imposible de alcanzar para unas simples víctimas sin más herramientas que sus tremendas ganas de ayudar y ser útiles.

Daba la impresión de estar presenciando un verdadero sueño. Con la tecnología actual ¡nos regalaron hasta una visita virtual a las instalaciones modernizadas! Después tomó la palabra el responsable económico del proyecto, analizando los costes y demás. A nosotras se nos iba haciendo un nudo en la garganta con tanta cifra y número.  Algo en lo que hizo especial hincapié fue en la reutilización de materiales que estábamos haciendo y que era un ejemplo de economía circular, ejemplo a tomar buena nota. Mi profesor terminó la exposición solicitando la colaboración de las diferentes administraciones allí presentes. Aplaudimos hasta que las palmas de las manos comenzaron a dolernos de la emoción de ver tanta gente involucrada en nuestra aventura. Ya no éramos unas simples mujeres corriendo tras una quimera, éramos unas emprendedoras visionarias que habíamos abierto un camino a seguir.

A continuación, y como buenas anfitrionas de aquellos lares, agasajamos a los asistentes con todo tipo de dulces locales aderezados por algunos licores y, por supuesto, alguna bebida sin alcohol. La Alcaldesa hizo las veces de convidante, presentándonos una a una a los responsables institucionales. No paraban de mostrar su asombro y admiración por el valor demostrado durante todos esos años y la ayuda tanto a las víctimas humanas como animales.

Una vez las autoridades marcharon, me acerqué a mi profesor para ver qué me podía contar. Solo pude sacarle que siendo un proyecto ambicioso y novedoso, uniendo la ayuda a los seres vivos víctimas del maltrato con la terapia a las víctimas de violencia de género, la universidad habían decidido involucrar a todos los responsables. Ése era el primer paso, pero no se iban a quedar ahí, tenían preparado mucho más.

Había que digerir tanta información y emoción, al fin y al cabo solo éramos unas simples mulleres aldeanas tolas (locas) con la manta liada a la cabeza por su intenso deseo de ayudar a otros más necesitados que ellas.   

La rutina seguía y nosotras con ella, ayudándonos y ayudando a la vez en el refugio.

Un viejo refrán reza así: “El que quiere, va en persona; el que no quiere, envía a otro en su lugar.”  Tomar la iniciativa es la clave para conseguir lo que uno se propone.

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