Capítulo 20

TRANSFORMACIÓN

Sin casi darnos cuenta comenzó la metamorfosis del refugio. Las obras lo fueron transformando. Cada día era más emocionante que el anterior. Veíamos algo nuevo, más práctico, y los animales también lo notaban a pesar del estrés causado por los continuos ruidos y cambios.

Nosotras seguíamos volcadas en lo nuestro, ayudarles y gestionar las adopciones, cada vez más numerosas para nuestra sorpresa y alegría, ¡incluso nos llegaban del extranjero, donde estaban dándonos mucha publicidad!

Una mejora que nos hizo mucha ilusión fue poder disponer de unos pequeños pero acogedores apartamentos para las compañeras víctimas con sus mascotas. Ésa era nuestra prioridad y lo que nos diferenciaba de los demás. Eran apartamentos sencillos, modestos pero decentes y bien acondicionados, con mobiliario donado o reutilizado. Se entraba directamente a una amplia cociña (cocina) de leña tipo americana con sala de estar, un ventanal desde donde se divisaban las diferentes instalaciones del refugio, partes del valle o las montañas colindantes. Disponían de un sofá-cama, una mesa con sillas, y un banco rinconero donde poder comer. El aseo era completo con ducha para ahorrar espacio y consumo de agua. La habitación disponía de un armario ropero y una cama doble. La Deputación decidió renovar su material electrónico e informatico por uno más nuevo y contactó con nosotras ofreciéndonos el viejo todavía en buen funcionamiento. Así fue como pudimos dotar a los apartamentos de televisiones planas grandes. También nos enviaron un proyector, lo instalamos en la sala donde recibíamos a los grupos visitantes para mostrarles nuestra labor. Además, aprovechando la buena conexión a internet brindada por el Concello también pudimos reutilizar ordenadores de sobremesa que instalamos en cada apartamento, gracias a un informático voluntario que puso al día con software libre ahorrando en costes de licencias. Así quedaron modestos pero prácticos y  ellas agradecían en muchas ocasiones. La Xunta decidió cambiar las sillas de una sala de actos, las reutilizamos acondicionando la nuestra para comodidad de los visitantes durante las charlas o proyecciones, también cambiaron el mobiliario de algunas oficinas viniéndonos de perlas para convertir nuestra oficina en un lugar profesional y moderno.  

Una de las cosas más necesarias y anheladas por nosotras fue tener un dispensario para poder dar atención básica a los acogidos, evitando continuos desplazamientos a las clínicas, distantes bastantes kilómetros. Aunque la subvención de Europa no dio para acondicionarlo, la universidad nos traspasó parte de sus donaciones regulares procedentes de las multinacionales, suficiente para tener lo indispensable. También iniciamos una difusión a nivel nacional invitando a los veterinarios recién titulados a pasar unos meses de prácticas en nuestro refugio, supliendo la permanente necesidad de atención especializada y urgente. De esta forma nos ayudarían, además de adquirir experiencia práctica disfrutando de la estancia gratuita en un entorno único.

Llegó el tan ansiado día de la inauguración oficial. No sabíamos cómo actuar ni qué hacer, porque todas las autoridades quisieron estar presentes para hacerse las correspondientes fotos. Los medios de comunicación se afanaban por entrevistarnos a todas; era un no parar. Daba la impresión de haber pasado de golpe de estar perdidas en un valle minúsculo y casi despoblado, a ser la capital mundial de la información. Nuestro email se llenaba de mensajes de ánimo y admiración por nuestra fuerza revertiendo una situación de maltrato en ayuda a otras víctimas.

Esa época fue muy especial, pues íbamos de sorpresa en sorpresa. Incluso llegaron reconocimientos internacionales de instituciones europeas. Asociaciones y grupos como el nuestro contactaban regularmente para pedirnos consejo e información. Tantas eran las peticiones que no me despegaba del ordenador desde la llegada a primera hora al refugio hasta la salida por la puerta bastante tarde. La pobre Wendy había veces que se cansaba de estar tumbada a mis pies y salía a jugar con otros amigos.

Marco Aurelio dijo: ‘El mundo no es más que transformación….’ Esa positiva transformación era la que nosotras estábamos viviendo y disfrutando.

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