Capítulo 26

HAY MÁS FELICIDAD EN DAR …..

El tiempo iba transcurriendo en paralelo a nuestra amistad-relación afianzándose día a día. Cada vez era más placentera, agradable, relajante……. Bueno, paro porque sino yo sola ¡me subo la libido nada más pensarlo!. A la misma vez  fui dándome cuenta de lo mucho que le necesitaba. Eso me hacía más consciente de mi obligación moral por devolverle una ínfima parte ¡era tanto lo que él me había dado en este tiempo!. Pero ¿Cómo? o ¿de qué manera?

Cualquier excusa era buena para pasar un rato juntos fuera de la oficina, del refugio, pues aunque estábamos físicamente en el mismo lugar nuestras mentes se hallaban absortas en un sinfín de quehaceres.

Realizar alguna compra o a trasladar algún animal, siempre estaba presto a acompañarme. Fue en esos desplazamientos donde percibí que su pasión motera seguía latente a pesar de estar ahogada por un aluvión de miedos y temores. ¿Cómo podría ayudarle a superar esa fobia? Por más vueltas de mi cabeza no conseguía encontrar la solución.

Durante la época estival siempre había candidat@s de la Universidad dispuest@s a ayudarnos a cambio de adquirir experiencia. Uno de esos veranos contactó con nosotros Aleix, un Psicólogo recién graduado. Quería centrar su TFC (Trabajo Final de Carrera) en las terapias para superar las fobias mediante la técnica 3D con gafas de realidad virtual. Nos pareció muy interesante y colocamos otra mesa más junto a las nuestras en el minúsculo despacho preparando su llegada.

Como era habitual, tuvimos que ir a buscarlo a la estación de tren porque es la única vía de comunicación con el resto del país (exceptuando las carreteras). Paco me acompañó, cosa habitual, no perdía ni una ocasión para estar juntos y charlar durante el trayecto, a pesar de terminarar mareado perdido por no fijar la vista en las curvas del camino.   

Al ser época de vacaciones la estación estaba más concurrida. Se nos ocurrió improvisar un cartel con su nombre, como hacen los chóferes en la capital para localizar a los ejecutivos que les han encargado recoger. Estábamos mirando hacia la parte final del tren cuando oímos una voz aguda, profunda, detrás nuestro. ‘Hola, soy Aleix. Creo que me buscáis’. Nos giramos y nuestras miradas fueron a toparse en una camiseta ajustada. Marcaba claramente todas y cada una de las onzas de la tableta de chocolate de un torso tremendamente masculino y perfectamente curtido en los gimnasios. Alzamos la cabeza boquiabiertos hasta llegar a establecer conexión visual con sus ojos. Eran de un azul intenso e inmenso haciendo palidecer al del mar mediterráneo. ‘Vosotros debéis de ser del refugio ¿verdad?’. Paco fue el único en articular un ‘sí’ pues yo seguía perdida en aquellas curvas tan magníficas y aquellos ojos tan profundos intentando averiguar si era humano o alguna estatua de esas tan reales realizada por un excéntrico artista.

‘Bueno, si os parece podemos irnos. El tren ya ha marchado y no queda nadie en el andén’ comentó. Habíamos perdido la noción del tiempo momentáneamente. Despertamos de nuevo a la realidad. Después de presentarnos, nos dirigimos al aparcamiento e iniciamos viaje de regreso.

En el trayecto nos contó sus dos pasione: el culturismo y la psicología. Pensé ‘lo primero no hace falta que lo jures y si lo segundo es igual de importante serás una eminencia’. Quería centrar su trabajo en la cura de las fobias que las víctimas han adquirido impuestas tras años de duro maltrato psicológico; para ello quería utilizar una técnica novedosa basada en la realidad virtual pues consigue ponerlas frente a ellas, pero en positivo. Casualidades de la vida en ese mismo momento, mientras nos hablaba de la terapia se cruzó con nosotros una de esas motos típicas de moteros (he de reconocer que no entiendo ni papa de ellas), una de tantas, atravesando el bello valle en los veranos, haciendo turismo. Pude ver como Paco –a mi lado de copiloto- volvió a clavar su mirada en ella desde verla aparecer al final de la recta y girándose para seguirla hasta perder su visión cuando nos adentrarnos en la siguiente curva. En ese preciso instante conecté: terapia 3D, fobias, motos, Paco, Aleix. Ya tenía el tratamiento para su problema, en cuanto se instalara se lo comentaría. Solo faltaba un pequeño detalle: el visto bueno del paciente.

Como los días eran más largos llegamos con luz solar. Al entrar nos topamos con algunas voluntarias y aprovechamos para hacer las debidas presentaciones. Las reacciones eran idénticas, se quedaban boquiabiertas, como abducidas por ese Adonis llegado directamente del Olimpo de los dioses (la estación de tren única conexión de transporte con el resto de la península). Su melena dorada, lisa, dejándose acariciar por la brisa atemperada estival elevaba aún más si cabe el éxtasis visual. Esos brazos tan robustos como troncos de castaños, esas piernas tan firmes como columnas de granito de O Porriño cuidadosamente vestidas con prendas ajustadas, esa piel dorada al cálido sol mediterráneo (o en los múltiples centros de rayos uvas de Barcelona) libre de cualquier vestigio del tipical spanish macho men siglo XX en forma de vello (o a base de una buena dosis de depilación láser masculina) eran música celestial en estos lares.

Al día siguiente, como Paco estaba ocupado aproveché el tour por el Refugio para comentarle la idea que rondaba mi cabeza. Le pareció perfecto, pero debíamos prepararlo muy bien. ¿Cómo, cuando, donde? Paco no podía enterarse hasta estar todo listo. Mi cabeza iba a mil por hora sin encontrar la solución.

El primer trabajo de Aleix fue someter a todas las voluntarias a un largo test para ver el grado de idoneidad de cada una de ellas a esta terapia. Yo también lo pasé y fui una de las elegidas, volviendo a las sesiones ese verano.

Llegó la primera. Después de la clase me abordó para saber cuándo íbamos a poner en marcha nuestro plan. Le dije la verdad: ‘Estamos todo el día juntos y no veo cómo escabullirme sin levantar sus sospechas’. Demostrando tener, además de un cuerpo escultural como tallado por el cincel de los mejores escultores, una mente rápida dijo: ‘Después de cada sesión podemos quedarnos 15 minutos e irlo planificando’. ¡En ese momento vi el cielo abierto! ¿Cómo no se me habrá ocurrido a mí antes? Quedamos así.

Como es normal Paco se interesó por la sesión y yo le di todo lujo de detalles, salvo lo planificado después a la conclusión.

El problema vino al compartir los tres espacio común en el despacho. Aleix cuando tenía que decirme algo al respecto utilizaba otras palabras, intentando dar la impresión de estar tratando un tema de alguna de las voluntarias. Pero Paco, profesor de Psicología curtido, intuyó ‘gato encerrado’. A partir de ese momento las preguntas sobre las sesiones fueron aumentando poco a poco e intentando profundizar para averiguar más aunque yo no le daba mucha importancia.

Como soy tan curiosa, en una de esas reuniones con Aleix, comencé a preguntarle sobre su vida para conocerlo mejor. Recuerdo en una de ellas hablar sobre su figura y el efecto en sus conquistas. ‘Tendrás que llevar escolta’ apostillé. Su respuesta y la posterior charla fueron muy ocurrentes y terminamos a carcajada suelta, sin darnos cuenta del inexorable paso del tiempo. Se había echado encima la hora y Paco acababa de entrar por la puerta, pillándonos en el punto más hilarante de la conversación. Él tenía terapia con los maltratadores y a nosotros se nos había ido el santo al cielo. Al vernos tan alegres se quedó helado y nosotros de golpe callados. Sorteamos como mejor pudimos la situación (algo similar al típico: ‘cariño no es lo que parece’ pero con dos psicólogos de por medio y una novedosa terapia 3D en ciernes) y salimos rápidamente.

El reencuentro en la oficina fue todo un poema. Nosotros con actitud de cazados y Paco más serio, callado y ocupado que de costumbre cuajaban el ambiente. La tensión podía cortarse con una daga de Samurái. Pero como en realidad aquello ‘no era lo que parecía’ pasé página puesera algo simplemente anecdótico.

Aleix y yo seguíamos absortos preparando la terapia sin darnos cuenta de que poco a poco Paco iba perdiendo su naturalidad característica. Su rostro dejó de reflejar relajación para estar tenso, forzado.

Una tarde de viernes Aleix rompió el hielo soltando una proposición: ‘¿Por qué no me lleváis a esa cantina? He oído hablar de ella mucho. Tomamos algo y nos distraemos un poquito. Me apetece probar esa famosa cerveza de castaña’. A mí me pareció una idea estupenda y rápidamente contesté: ‘¡Vale!’. Acto seguido clavamos la mirada en Paco esperando su respuesta. Se estaba haciendo el remolón, como si la cosa no fuera con él. ‘Venga Paco, vamos a distraernos un poco, no nos irá mal’ le dije. Él musitó entre dientes algo sonando a reproche pero terminó accediendo. Corrimos la voz y algunas voluntarias poseídas por el éxtasis del divino Adonis Aleix y acrecentado con los calores típicos de la canícula accedieron rápidamente.

En el trayecto hacia la cantina intentamos varias veces añadir a Paco a la conversación sobre los recuerdos de tiempos universitarios pero fue harto difícil.

Como la temperatura era muy agradable, incluso un pelín elevada para esas horas nocturnas decidimos sentarnos en la gran terraza, junto al cauce del riachuelo buscando aliviar el sofoco. 

Las voluntarias centraron la conversación en el recién llegado. Preguntas picaronas, curiosas, ingeniosas, que unidas a la graduación de la bebida de cada cual provocaban oleadas de risas interminables. Y él con una chispa más propia de otras comunidades autónomas del sur que de la catalana, junto con una sonrisa sugerente y una mirada penetrante las tenía a todas entregadas.

Durante una de esas conversaciones alguna de ellas le lanzó un reto, ‘No eres capaz de meterte en la piscina’. Viendo como todas habían abierto los ojos hasta el grado de emparejarse a lechuzas buscando presa en una noche oscura y provocador como él solo, aceptó.

Según se subía la ajustada camiseta iban quedando al descubierto una a una las diferentes onzas de la perfecta tableta de chocolate escondida junto a una piel áurea charolada con el mismo brillo de la pizarra bruñida arrancada de las entrañas de estas montañas. Después vinieron los pechos, exuberantes y perfectamente moldeados por el ejercicio físico y con dos pezones voluptuosos. Por último llegaron a completar el cuadro unos espectaculares bíceps. No pude reprimir el impulso de soltar en ese momento de silencio ‘¡parece el increíble Hulk!’ -pero en vez de verde, dorado-. Él esbozó una sonrisa y comenzó a desabrocharse las bermudas. Primero el botón superior y después uno a uno los de la bragueta. Ellas comenzaron a jalearlos cual streaptease de un boy como guinda a un espectáculo de despedida de soltera o bienvenida al divorcio.

Poco a poco se fue mostrando lo que escondían esos pantalones….. unos slips de Calvin Klein. Marcaban perfectamente los atributos. Comenzó a bajar las bermudas, a la vez fue girándose despaciosamente hasta mostrar su costado y poder pasmarnos con la sorpresa: ¡el slip se había transformado en un exiguo tanga! Ese momento desató los vítores, gritos y silbidos de todas. A la misma vez otr@s client@s se iban uniendo a la exhibición. Comenzaron a verse los glúteos: esas dos dunas perfectas, musculosas y bien cinceladas por los ejercicios regulares, con el mismo color dorado del resto del cuerpo, dejaban solo dos opciones: 1) O tomaba el sol en la playa de la Mar Bella (nudista en plena ciudad), 2) O se doraba -de cuerpo entero- como los sándwiches, en las máquinas de UVA.

Una vez libre y desposeído de las bermudas, frente a nosotras pudimos percibir el calibre de sus masculinidad. Aunque a mí me pareció un poco exagerado. Algo en esa forma y volumen me era familiar. Comencé a darle vueltas a la cabeza, mientras él iba introduciendo su aterciopelada piel poco a poco en las gélidas aguas intentando no cambiar el rictus y estropear el caluroso momento que estaban disfrutando todo el grupo de observador@s.

Cuando decidió salir del agua –más pronto que tarde por la temperatura- volvió el espectáculo con las innumerables gotas de agua bajando por su afelpado busto. Él las acompañaba pasando sus manos de arriba hacia abajo, mientras seguía emergiendo cual dios Poseidón de las profundidades marinas. Al ver de nuevo su entrepierna aumentó el jaleo y los silbidos. Volvía a salir el mismo volumen que había entrado. Estas gélidas aguas tenían la propiedad de disminuir esas partes viriles. ¿Cómo era posible ese milagro? ¿Sería realmente un ‘dios’ libre del efecto de la física? En uno de los momentos, sus manos bajaron por el abdomen y rozaron la protuberancia. En ese momento noté algo, me era familiar, ya lo había visto antes y fue entonces cuando entendí la explicación lógica del enigma fuera de especulaciones mitológicas o metafísicas. Tiempo después él mismo corroboraría mi conclusión. Pero como no quería estropear el momento, ni ser el jarro de agua fría cortando un calentón de este tipo, decidí dejarme llevar por el espectáculo.

Por suerte alguna de nosotras llevaba una toalla en el coche y se la prestaron para que se secara alargando la exhibición aún más si cabe.

Miré buscando a Paco pero no lo encontré. Pregunté a las compañeras, ninguna pudo decirme nada porque estaban absortas con Aleix. Por fin el camarero me dijo: ‘en un momento de la velada se levantó, me dijo que estaba cansado y se marchó’. Y así, sin más, nos dejó allí tiradas. Gracias a una voluntaria cuyo vehículo iba medio vacío pudimos apretujarnos y volver al refugio.

A la mañana siguiente aprovechando el retraso de Aleix en incorporarse a la oficina decidí romper el témpano de hielo en que se había convertido Paco. Él seguía con cara de pocos amigos, eludiendo cualquier conversación o contacto visual. Decidí cruzar la poca distancia entre ambos, aparté los papeles de su mesa y me senté encima. Con las yemas de mis dedos empujé delicadamente su mentón hacia arriba y cuando sus ojos se fijaron en los míos le pregunté:

Paco ¿qué te pasa? ¿por qué estas tan raro últimamente? ¿tienes algún problema? ¿puedo ayudarte?

Volvió a bajar la mirada y dio la callada por respuesta. Pero echando mano de mi tenacidad volví al ataque de nuevo:

-Paco, sabes que no voy a parar hasta saber lo que te pasa. ¿He hecho algo que te ha dolido? Dímelo por favor.

Tras unos eternos segundo balbuceó y dijo:

-‘No eres tu, soy yo’. (Eso me sonó al estribillo machacón de la archi conocida canción de Luis Fonsi).

-Pues cuéntame la causa para estar así porque es algo relacionado conmigo seguro.

-‘Verás, tu conoces mi secreto más íntimo. Sabes todo mi sufrimiento pasado pensando que jamás llegaría a ser un ‘hombre’ normal, los sentimientos de inferioridad  y baja autoestima …..

-Claro que lo sé, hemos trabajado juntos. Yo te he ayudado a superarlos y tu me has enseñado una parte nueva en mí desconocída. Nunca me planteé tener una relación con un chico de esta manera, y menos aún llegué a imaginar ser tan placentera y enriquecedora.

-Me alegro. Pero estos días me han vuelto a asaltar esos miedos. Tiendo a compararme con otros hombres y siempre salgo mal parado en la comparación. Cuando me enteré de la llegada de ‘Aleix’ empecé a inquietarme. En la estación mis temores se confirmaron por completo. Es un hombre con un historial académico brillante, muy seductor…….. escandalosamente atractivo diría. Su ‘sexapil’ lo inunda todo y revoluciona a tod@s sin excepción. Nada más verlo me quedé atónito, tu no te fijaste en mi reacción. Aleix es tan varonil y atrae tanto la atención de tod@s, incluida la tuya, que ha disparado de nuevo mi inseguridad y la ha elevado al límite.

Es cierto, es un chico joven, con un tipazo y una chispa en sus ojos que capta las miradas, esa sonrisa peculiar, una conversación picantona…….

-¿Ves a lo que me refiero? ¡Hasta tu sientes atracción!.

Una cosa es diferenciar la belleza y la inteligencia (algo difícil de conjugar en los ‘top model’) y otra sentir atracción. Paco, yo ya tengo una edad como para embelesarme o amartelarme por un ‘Petit Suisse’ como él. Además mi intuición femenina me dice que detrás de esa fachada milimétricamente cuidada se esconde un ser con miedos e inseguridades; y mi presentimiento falla pocas veces.

Bienvenido sea al mundo real. Entonces está en el lugar idóneo donde se da todo tipo de ayuda posible. Pues mi sagacidad masculina –y sabes que también acierta mucho- me dice que vosotros os traéis algo entre manos y eso también me escama.

Vaya, pensé que no te darías cuenta, eres muy observador. No te lo voy a negar, estamos dando forma a algo pero no puedo ni debo decirte más hasta estar terminado para no quitarle emoción.

-Bueno, pues ya me dejas un poco más tranquilo aunque expectante.

Todo a su debido tiempo Paco.

Terminamos la conversación fundiéndonos en un largo abrazo diluyendo la tensión ambiental y relajando nuestras atribuladas mentes.

Siendo una curiosa nata atraída sobremanera por lo desconocido aproveché las reuniones con Aleix para intentar conocerlo mejor.

Un día, sin la presión de Paco con su terapia le miré fijamente a los ojos y le dije:

-Un tío tan enrollado como tu, con ese porte de dios griego y esa cabeza tan bien amueblada tiene que tener una agenda repleta de contactos.

-Eso sería lo normal, pero no es mi caso.

-Vaya, debe haber una razón de peso. Un hombre tan joven y atractivo (yo seguía alagándole más y más esperando que se soltara y me explicara) sin cientos de contactos. Me da la impresión que detrás de esta imagen hay una historia muy interesante.

-Interesante no lo creo, traumática sí que es.

-¿Por qué dices traumática? A veces solemos ver nuestros problemas más aumentados, como con lupa, dándonos la impresión de ser más graves o serios de lo que realmente son. Ayuda mucho compartirlos porque se llegan a ver en su justa medida.

Puede ser. Aunque también podría ocurrir que cuando lo cuentes la otra persona se escandalice o te coloque un marbete, provocando el rechazo y la discriminación de los demás.

-Ostras, muy serio debe ser el asunto si piensas así. Tranquilo, a mí me van los temas escabrosos y los problemas aparentemente ‘irresolubles’. Como puedes ver, a pesar de ser una mujer de ciudad y con carrera universitaria he sido víctima de violencia de género y estoy aquí rodeada de personas que han soportado todo tipo de inconvenientes.

Esa es la razón de mi presencia aquí. Bueno para ser más exacto, una de ellas. El TFC es la oficial, dándome la coartada perfecta.

-¿Me estás dando a entender que ya te has informado antes sobre nosotros y has venido porque crees que aquí vas a encontrar solución a tu problema?

Sí (contestó tímidamente).

-Pues has despertado más mi curiosidad. ¿Qué es eso tan serio para lo que tenemos el remedio?

Verás, mi infancia se desarrolló con toda normalidad. Mis padres se volcaron en mi crianza como hijo único. La inocencia y la pureza de esa época me ayudaron a sentar las bases para todo el torbellino que vendría después.

-Jolín Aleix me estás asustando.

-No es nada terrorífico pero sí traumático. Cuando llegó la pubertad mi cuerpo empezó a sufrir los cambios típicos. Crecí bastante, como se ve a primera vista. De hecho mis padres tienen cierta estatura, es herencia familiar.

-Pero creo que ese cuerpo escultural no fue fruto de ese desarrollo (apunté).

-No, eso vino después. Yo notaba que algo no terminaba de desarrollarse en mi organismo a la misma velocidad del resto. No me salía vello en los brazos, piernas ni pecho. Tampoco me salía la pelusilla previa a la barba.

-¡Ostras yo pensaba que te gastarías un pastón en depilación láser!

-Nunca he pisado un centro para eso. En todo mi cuerpo no hay ni un solo pelo, exceptuando los que ves en la cabeza, cejas y pestañas.

-Pues serás la envidia de los ‘metrosexuales’.

-Visto desde esa óptica…. sí. El problema vino con otra parte de mi anatomía. Una íntima, solo al descubierto cuando compartía vestuarios con compañeros y se fijaban –como es normal- en los atributos de los demás para comparar.

-Aleix, a tu edad ya sabrás de sobra que los tamaños varían una barbaridad y dependen de los ojos y la mente de los demás . La medida no es lo más importante.

Es que ya no eran unos centímetros de más o de menos, era mucho más serio. Avergonzado y traumatizado por los comentarios jocosos, hirientes, humillantes y hasta demoledores cuestionando mi sexualidad terminé no pudiendo volver a clase. Cada vez que intentaba acercarme al instituto se me ponía un nudo en la boca del estómago, aumentando paulatinamente hasta provocarme el vómito cerca de la entrada del poco desayuno ingerido en casa. Mis padres asustados por la situación decidieron llevarme al especialista. Allí fue cuando comenzó un largo periplo, por los diferentes hospitales y expertos de la ciudad. Duró años. Sin contar con la pérdida del curso por cambiar de centro escolar intentando comenzar de cero para mantener mi secreto a buen recaudo.

-Pero al final ¿encontraron la solución?

Pues eso es lo peor, no hubo solución. Mi cuerpo sufre ausencia total de testosterona. Carece de testículos (ni externos ni internos) lo que conlleva unos problemas añadidos, unos efectos sencundarios que tengo que evitar a toda costa durante el resto de mi vida.

-¿Cuáles?

Por ejemplo pérdida de masa muscular, aumento en la masa mamaria, aumento de la grasa corporal, baja libido, imposibilidad para la erección, dificultad para el orgasmo, esterilidad, depresión, etc.

-No pensaba que fuera tan serio. ¿Cómo los has controlado?

-Atajando uno a uno los efectos. Lo primordial era mi aspecto exterior por ser lo que primero se ve y mi carta de presentación a esta sociedad cargada de estereotipos. Mi ambigëdad sexual debía potenciarla a base de fortalecer la masa muscular con una alimentación rica en proteínas y suplementos dietéticos para fortalecer los huesos evitando la osteoporosis. Debía mantener un nivel alto de actividad para no caer en depresión y contra la obesidad mucho ejercicio físico.

-Madre mía, vaya calvario te esperaba.

No lo sabes bien. Con todo este panorama decidí estudiar un grado superior de educación física, de gran ayuda para vigilar mi cuerpo al milímetro y estar muy activo. Me hice socio en un gimnasio especializado. Iba todos los días. Allí me ayudaron a lograr este cuerpo con muchísimo esfuerzo. Una vez acabé los estudios decidí aprender a trabajar también la mente. Me matriculé en la Universidad donde acabo de terminar Psicología. Después de empaparme con el escaso material publicado referente a mi situación decidí buscar  ayuda en alguna asociación especializada. La encontré y he sido testigo de los estragos causados por esta discapacidad cuando se añade a un entorno familiar poco sensible y a  un ambiente escolar duro, carente de la más mínima empatía.

El tono de mi voz también era otro agravante. Seguía siendo agudo….. a medio camino y sin definición. Cuando la gente veía mi físico y me escuchaba hablar su rostro reflejaba la sorpresa de no saber a qué hacer caso, si a la vista –denotando masculinidad- o al timbre bucal –mostrando más bien feminidad-. Visto lo visto me puse en manos de un logopeda trabajando las cuerdas bucales a la misma vez del cuerpo. Logré adquirir un registro variado que me ayuda a dar una imagen de ‘normalidad’.

Para quitar un poco de tensión comenté:

Ahora entiendo como ese vozarrón que me dejó en shock en la estación ha ido bajando hasta hacerse más suave.

Por suerte trabajé duro, adaptándola para las primeras impresiones y no llamar la atención por lo dispar. La gente todavía tienen muchos clichés preestablecidos desde bien pequeños catalogando a los demás en grupos preestablecidos. Cuando uno no cumple esos cánones comienza un proceso mental culminando con el rechazo o la estigmatización y yo tenía claro que eso no quería sufrirlo.

Y ¿esos pectorales tan voluptuosos?.

Son la envidia de muchos culturistas que no consiguen tenerlos igual ¡a pesar de machacarse a diario! Es también un efecto de la falta de hormona masculina, y he tenido que solventarlo del mejor modo posible.

-Utilizar un protector testicular también es muy ingenioso.

¿Cómo lo has notado?

-Es la ventaja de tener un hermano jugador de rugby durante muchos años. Al principio de verlo con él me llamó tanto la atención que a la mínima oportunidad lo observaba. Cuando hiciste el streptease hubo ciertos pases de tus manos y al contacto provocaron movimientos característicos muy familiares para mi.

Eres una gran observadora.

-Y curiosa. Porque también percibí claramente que ese no era tu primer espectáculo ante un grupo de féminas.

-Cierto. Una vez moldeado mi cuerpo de esta manera y gracias también a mi melena y estos ojos tan azules como dos gotas de agua del mediterráneo, se abrieron ante mí nuevas oportunidades de trabajo. Actúo en discotecas selectas y algunas despedidas de solteras. Este ‘trabajo’ me ha ayudado a pagar mis estudios y mantener mi cuerpo dentro de los límites óptimos. Pero siempre impongo una clausula innegociable.

-Que no sea un streptease total para no quitarte el tanga ¿cierto?

-Afirmativo.

-Y en el terreno amoroso ¿cómo te ha ido?

Bueno, la falta de testosterona disminuye el deseo sexual e imposibilita la erección. Además el tamaño no daría para satisfacer a nadie. He huido de las relaciones. En ese campo no he podido encontrar ninguna manera de paliar sus efectos. Por desgracia todavía no he sentido un orgasmo y eso me  ha frustrado mucho. Alguien me comentó en una terapia grupal de la Asociación acerca de un masajista que lo lograba mediante una técnica propia desarrollada para estimular tanto la libido ajena como la propia sin necesidad de utilizar los órganos sexuales, llegando ha tener incluso orgasmos más intensos.

Comencé a buscarlo como loco hasta encontrarlo pero por desgracia trasladaba su despacho en unos días a otra comunidad autónoma. En la breve conversación que tuvimos me habló de uno de sus alumnos, había desarrollado una técnica más concreta en ese campo. Me informó que daba clases en la Universidad de Psicología ¡donde yo estudiaba!.

A pesar de no sonarme su nombre, esa información fue como un soplo de aire fresco después de años de búsqueda estéril ¡podría llegar a tener intimidad total con una pareja sin necesidad de practicar sexo tradicional!. En la Facultad busqué y pregunté hasta enterarme que se había trasladado a Galicia para llevar a cabo un proyecto sobre víctimas de violencia de género. Eso supuso un nuevo jarro de agua fría. ¿Cómo lo encontraría?

Un día por casualidad mirando el tablón de anuncios vi uno donde solicitaban recién titulados dispuestos pasar unos meses en un entorno rural, colaborando con una asociación y de paso realizar su TFC. Casi aparto la vista cuando leí Lugar: ‘Galicia’. Me informé bien y me confirmaron que Francesc estaba aquí. Preparé todo para –nada más terminar en junio la carrera- marchar a su encuentro.

Aunque tú no hayas buscado pareja seguro que muchas lo hayan intentado.

-Sí, candidatas siempre hay, y también candidatos.

Ostras, pues es verdad, para los gays debes resultar igual de atractivo.

Claro. El problema es al no haber podido desarrollar nunca esa faceta de mi no he logrado saber hacia quienes siento atracción, si hacia los hombres o las mujeres. Cuando veo un varón guapo me gusta observarlo igual que me sucede con una mujer.

-Bueno, hoy por hoy ¿qué más da? Cada uno es libre para ser hetero, lesbiana, gay, bisexual, persona transgénero, intersexual o asexual. Lo importante son las cualidades y tener bien amueblada la cabeza.

Totalmente de acuerdo.

-Ahora, sabiendo tu secreto ¿quieres que hable con Paco para ver cómo puede ayudarte?

-Te lo agradecería mucho. Porque la timidez en este campo es otro de mis problemas, no sabría como abordarle para no meter la pata.

-Eso está hecho. Tranquilo, no es tan fiero el lobo como lo pintan. Tenéis muchas cosas en común y seguro que de aquí saldrá una gran amistad.

El día siguiente amaneció con un aviso urgente. Paco y yo salimos disparados. Como los desplazamientos aquí son largos aprovechamos el tiempo conversando. Yo le expliqué todo lo que Aleix me había contado. ¡No salía de su asombro!. En circunstancias ‘normales’ su intuición psicológica le habría llevado a ver más allá de la fachada pero al tenerla alterada por los sentimientos se quedó en la superficie ‘montándose una película’ alejada de la realidad.

No hizo falta terminar de transmitirle la petición de ayuda, Paco –con su gran corazón- empatizó rápidamente y se ofreció a ayudarlo.

Las siguientes semanas fueron un no parar, terapias 3D para las víctimas y Paco, mientras que Aleix necesitó tratamiento psicológico y sensitivo a la vez.

Como mi curiosidad es genética aprovechaba toda oportunidad con Paco a solas para preguntarle por los avances de Aleix. Me explicaba como iba enseñándole los puntos sensoriales clave para potenciar la libido y lograr el éxtasis total, los diferentes tipos y técnicas de masajes. Pero era tanto su afán de aprendizaje que le bombardeaba con un aluvión de preguntas.

Llegado el momento comenzó la parte práctica. Como es normal Paco preparó un entorno tranquilo, relajado e íntimo donde realizar el primer masaje. No se quién de los dos tenía más presión, si Paco por tener un ‘paciente’ con unas características ‘peculiares’ o Aleix por ver el resultado. Lo cierto es que con los músculos tan bien ‘culturizados’ la fuerza necesaria para masajearlos iba a ser superior a la normal, lo que dejaría al pobre Paco exhausto máxime cuando su complexión es más bien enjuta.

Debían estar bien concentrados, sin distracciones. Aleix nunca había podido explorar esa parte de su persona, –si la falta de testosterona no la había anulado por completo- estando obligado a prestar más atención a cualquier sensación o sensibilidad.

Paco tenía que aplicarse al máximo utilizando todo el conjunto de técnicas desarrolladas por él para intentar saber si podría sentir su excitación y la posterior descarga de adrenalina del orgasmo.

Esa tarde se me hizo eterna. Como no era yo la ‘paciente’ me dio la impresión de extenderse mucho más que en mis sesiones. También se añadía la expectación y el deseo fijado en esas manos dotadas de tanto poder intentando ‘curar’ el mal arrastrado por ese ser más propio de la mitología que de la realidad.

Cuando vi salir a Paco de la habitación donde llevaban horas encerrados corrí a su encuentro. Estaba literalmente bañado en sudor, iba secándose con una toalla empapada. Le acompañé a su apartamento a darse una ducha. Por el camino no aguanté la curiosidad y le pregunté: ‘¿Qué, cómo ha ido?’ Él con cara de circunstancia –similar a la de un cirujano cuando sale del quirófano a informar a la familia del paciente- me dijo: ‘Ha sido muy duro para ambos. He tenido que adaptarme a su fisionomía y entrambos la hemos explorado poco a poco. ‘Pero, entonces ¿lo habéis logrado?’ pregunté. ‘Tiempo al tiempo, la terapia 3D no es milagrosa ¿verdad? Tus lesiones en el tobillo y la zona lumbar no se solucionaron en el primer masaje ¿cierto? Pues esta tampoco. Es una persona que nunca ha sentido un orgasmo, el clímax ni la excitación. Su discapacidad no es funcional sino hormonal y eso se ha de estudiar y ver cómo paliarlo’. Mi gozo en un pozo, pensé.

Yo que creía que sus manos eran como las de un Mesías bastándole tocar una vez al paciente para sanarlo, ahora me daba de bruces con la realidad. Pocas cosas tienen una solución rápida. El que yo sintiera con sus masajes no era garantía para los demás. Cada persona es un mundo diferente y único, con sus pros y contras, defectos y virtudes, sintiendo y padeciendo de manera distinta. Aleix no iba a ser menos, aunque al final terminarían por conseguirlo, sin duda.

Todo sea dicho, los resultados de las sesiones de Paco también iban lentos. Y con un hándicap añadido: llegado el momento tendría que practicar con alguna moto real y ver si conseguía vencer esa fobia. Pero como antes de correr hay que andar, Aleix decidió iniciar ese proceso con una bici, así volvería a tener esas sensaciones placenteras del pasado: la brisa acariciando su rostro, la velocidad aunque limitada y la libertad  tan valorada por los ‘moteros’; libre de los miedos atenzantes desde el fatídico accidente. Fuimos al punto limpio a ver si allí tenían había alguna por casualidad y tuvimos suerte. Requirió algunos arreglos pero al poco tiempo ya estaba lista para inciar sus primeros paseítos por los pasillos del refugio. Elegimos el sábado evitando que las voluntarias sufrieran algún ‘atropello’, en sus idas y venidas atendiendo a los acogidos, y Paco estuviera más relajado dando sus primeros pinitos.  

En pocos días se hizo habitual el ring de la bici avisando de su presencia. Íbamos por buen camino. El siguiente paso fue desplazarse al pueblo para algunas gestiones, cosa que agradecimos bastante porque le colmábamos de encargos. Al final le acoplarmos un remolque prestado. Parecía un bedel. Algunas veces hasta se mosqueaba con la cantidad de comandas y decía ‘estoy haciendo terapia no soy el chico de los mandados’. Nosotras no hacíamos ni caso.

El siguiente paso fue conseguir una pequeña moto. Como por estos lares hay una en casi cada almacén cogiendo polvo, una compañera nos la prestó. Este cambio ya resultó un poquito más difícil. No es lo mismo circular sobre el asfalto de una gran ciudad o de vías en perfecto estado que por calles hormigonadas irregularmente y salpicadas –a mala leche- con agujeros que le ocasionaron alguna caída necesitando las curas de nuestros veterinarios en prácticas, siendo un paciente un poco quejumbroso, todo hay que decirlo.

La siguiente parte de la terapia era más seria. Debia circular con la moto por la carretera sinuosa  de un pueblo a otro. Yo iba delante con la furgoneta del refugio vigilando su marcha. No pocas veces me vi obligada a dar media vuelta a causa de un ataque de pánico del que solo se reponía cuando subíamos la moto en la furgo y dábamos media vuelta.

Una vez superada esta parte de la terapia, con la ventaja de que aquí cruzarse con otro vehículo no es muy habitual, debíamos preparar el siguiente y definitivo paso. Estábamos adentrados en la segunda quincena de agosto y Aleix marchaba el último día del mes. En la etapa final íbamos a necesitar una ‘moto’ para Paco aunque no sabíamos ni como y de dónde saldría.

Recibí la llamada habitual de los padres de Paco para interesarse. Él había salido. Les expliqué la terapia y el objetivo de ayudarle a superar el pánico a las motos. Pude explayarme gracias a haber mandado a Paco a hacer unos recados al pueblo. Ellos, ni cortos ni perezosos, quisieron poner su granito de arena. Me pidieron dejar el tema en sus manos, ellos se encargarían de solucionarlo. Quedamos en comunicarnos por whatsapp para no levantar sus sospechas.

Días más tarde recibí un mensaje donde me comunicaban haber hecho la reserva de una moto en un concesionario de Lugo capital. Solo debíamos ir y recogerla.

Hablé con Aleix. Lo mejor sería traerla con el objetivo de iniciar aquí la parte práctica minimizando los nervios de Paco debido a la novedad y la distancia.

LLegó el día para que Aleix informara a Paco de su paso a la última fase. Solo le restaba practicar con una moto más grande. Paco soltó una carcajada en señal de sorna. ‘¿Dónde vamos a encontrar una?’ Aleix y yo nos miramos y esbozamos una sonrisa picarona. Paco respondió: ‘Me estáis dando pánico’. Le condujimos hacia el cobertizo y señalando a un bulto tapado con un plástico le dijimos: ‘Ahí la tienes’. Cuando la destapó no supo cómo reaccionar: sorpresa, ilusión y emoción como la de un niño pequeño en el día de reyes ante sus regalos deseados pero a la vez miedo por reencontrarse de nuevo con sus fantasmas. 

Le desvelamos el papel de sus padres en esta sorpresa y la emoción se apoderó de él hasta hacerle saltar algunas lágrimas. El primer día fuimos despacito, parecíamos una autoescuela en plena sesión de prácticas. Como era de esperar realizamos bastantes paradas, unas para comprobar que iba bien y otras porque caía presa del pánico.

 La terapia de Aleix llevó un desarrollo similar a la de Paco. Ambos fueron ayudándose a dar pequeños pasos encaminados a sortear sus respectivos miedos y fantasmas. Compartían el mismo reto, lograr enfrentar a su paciente a esos gigantes imaginarios que tenían a los dos presos en la cárcel del miedo. Aleix además de su discapacidad necesitaba imperiosamente probar, madurar y profundizar su parte sexual para liberarse de esa losa. Las sesiones prácticas con masajes se sucedieron paralelas a las teóricas, debía vencer el bloqueo psíquico autoimpuesto causado por esta sociedad…. discriminando, autoexcluyendo lo considerado ‘fuera de la norma’. Desprenderse de sus respectivos lastres fue una labor conjunta, ayudándose a salir de esa condena mental que les impedía disfrutar la vida en su plenitud dentro de sus circunstancias. Esto además forjó una profunda amistad fruto de la intimidad mutua.

Una tarde, estando enfaenados con una de sus sesiones pasé por casualidad por la puerta de la habitación convertida en sala de masaje  íntimo. De golpe escuché unos gemidos. Me asusté, paré un instante para asegurarme y pude escuchar cómo Aleix gemía….. ¡de placer! Terminó experimentando en toda su plenitud un orgasmo, llegó al clímax. Descubrió un universo nuevo de sensaciones libre ya de las ataduras mentales. Su rostro reflejó esa nueva etapa abierta ante él. Se determinó a estudiar quiromasaje y reflexología podal para complementar lo aprendido, con el firme deseo de ayudar a otr@s compañer@s de discapacidad. Estaba exultante y agradecido de haber tenido esta oportunidad. Además también practicó el masaje con Paco dejándole muy satisfecho y complacido. Y sin olvidar el TFC debajo del brazo bien documentado y probado habiendo sido de gran ayuda  para sus pacientes (nosotras).

Paco por su parte volvió a retomar su gran pasión, disfrutar de la libertad que sienten los moteros pilotando sus máquinas. El valle serpenteado por una carretera plagada de curvas y salpicada de balcones con vistas espectaculares, pero libre del infernal tránsito de las zonas turísticas, le devolvió la ilusión por salir y conocer. Y como deseaba compartir esa pasión conmigo me tocó iniciarme en la tarea de ser copiloto a pesar del pánico que me daban las motos.

Como dijo alguien de la antigüedad: Hay más felicidad en dar….. que la que hay en recibir. Ayudarles a ambos fue para mí la mayor de las satisfacciones y ayudarse entre ellos el mejor de los pagos jamás recibidos. Una vez más queda probado que ‘el amor todo lo cura’. 

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