Capítulo 3:

MALTRATO

En cierta ocasión mamá me explicó como satisfacen los humanos su deseo de tener ‘animales de raza pura’, las pieles de los seres vivos o lo que ellos llaman trofeos que no son otra cosa que animales difíciles de ver porque su hogar está en la otra parte del planeta y desean tener su cabeza colgada de la pared de sus casas. Al estar dispuestos a pagar mucho dinero por ese capricho otros humanos se aprovechan consiguiendo –por ambición- el máximo beneficio de ellos. He de decir que yo no sabía qué era eso del dinero pero debe de ser muy importante para llegar a hacer lo que algunos hacen solo por conseguir un puñado de esos papeles. Si lo que estos humanos utilizan para conseguirlos son seres vivos, esa ambición les lleva a no darles los cuidados necesarios sin importarles todo el daño que les infrinjan debido a que esa atención especializada cuesta ese dinero que tanto ambicionan. Me relató lo que una gata de raza la contó durante uno de esos certámenes en los que participaba, ella fue una víctima más pues nació allí:

 Verás ‘le dijo a mi mamá’, mis primeros recuerdos antes de abrir los ojos se reducen a oír el sonido de muchos pequeños –de diferentes razas y especies- pidiendo o suplicándole a sus respectivas madres y a los humanos gritando y chillando muy enfados; también muchos lamentos profundos a los que casi siempre precedían golpes. Cuando abrí los ojos, lo que vi me fue impactando cada vez más y me hizo entender el porqué de esos sonidos. Mamá, mis hermanitos y  yo estábamos en una jaula tan chiquita que nos impedía movernos por lo que mamá estaba tumbada del mismo lado y nosotros en su regazo. Aquel lugar era una gran estructura muy vieja y decrépita, mal ventilada, mal iluminada y sobre todo mal –muy mal- higienizada. Se mezclaban los olores que –con el tiempo- he podido ir distinguiendo: el olor de partos recientes y los restos que dejan, el olor de los excrementos acumulados, el olor de heridas infectadas que supuraban y………… el temible olor del que emprende su viaje a cruzar el arcoíris no solo por descomposición sino también por escaldado. Aquel lugar era demasiado frío para que pudieran estar mamás recién paridas y sus chiquitines, tristemente la desgracia de la muerte recorría cada jaula no una, sino varias veces en una misma camada.

Con una higiene nula, los cuerpecitos inertes de los pequeñines –o a veces de la mamá y los pequeñines debido a la desatención- allí se quedaban días junto a los de otros seres vivos a los que les quitaban algo que ellos consideraban valioso, su piel . Cuando ya no se podía soportar más el hedor un humano venía con un cubo y los echaba allí sin control ni cuidado, luego lo vaciaba en un contenedor donde tiraban el resto de basuras. Ese era su triste fin. Con tanta falta de limpieza y cuidados especializados la enfermedad campaba a sus anchas, era demasiado extraño ver una camada entera sobrevivir de la misma manera que era más raro todavía ver a un humano de la bata verde atender a los enfermos o las mamás. Las enfermedades contagiosas causaban muchísimos estragos, a veces dejaban aquel lugar vacío de pequeñines. Y los que lograban sobrevivir con alguna secuela corrían la misma suerte que los que fallecían pues iban a parar al mismo cubo……

Aquel lugar era un centro al que llegaban otras crías de seres vivos diferentes. Mientras estuve allí recluida pude ir conociendo a muchos ya que mi jaula estaba situada muy cerca del lugar donde les ponías a ellos el corto tiempo que permanecían allí.

Una vez pude comunicarme con una que llegó sola. La vi muy triste y decidí preguntarla qué la ocurría, me contó que su mamá era una gorila y la habían hecho cruzar el arcoíris porque los humanos utilizan sus manos de adornos en sus casas y su carne es muy apreciada por los poderosos con dinero. Yo me quedé helada y la pregunté cómo era posible. Ella me dijo que en el lugar del que procedía está prohibido matarles o llevárselos con el objetivo de venderlos pero que hay humanos que están dispuestos a todo con tal de conseguir eso a lo que llaman ‘trofeo’. Y debido a que las crías son muy valiosas a ella la capturaron y la trasladaron en lugares ocultos pinchándola algo que la hacía dormir. Estaba claro que era una víctima más de la ambición de algunos. A pesar de todo lo que había sufrido en su corta vida intenté animarla durante el poco tiempo que coincidimos. Unos días más tarde la volvieron a pinchar, la ocultaron en una caja con un asa que se cerraba y que tenía ruedas y se la llevaron muy contentos.

Más adelante trajeron otra cría, esta era bastante más grandecita, la pregunté y me dijo que su mamá era una osa y que donde vivían los humanos tenían la extraña creencia de que si se bebían un líquido que tienen dentro de la barriga llamado bilis iban a tener una mejor salud. Como mamá sabía lo que la esperaba a ella y a mí (primero la amputación de los colmillos y las uñas quitándonos toda defensa  y luego estar en una jaula sin posibilidad de movimiento con un tubo metido dentro del vientre día y noche para conseguir ese líquido), intentó con todas sus fuerzas liberarse. No lo consiguió, la apuntaron con unas cosas que los humanos a veces llevan en las manos, se oyeron tres ruidos ensordecedores y mamá cayó desplomada. Yo me tiré encima de ella gritándola pero lo único que pudo decirme fue: ‘Cuídate mi pequeña, sé fuerte y aléjate en cuanto puedas de esos seres diabólicos, te usarán y cuando no sirvas te matarán’, y cerrando los ojos dejó de respirar. Después de eso a mí me cogieron y me metieron en una jaula pequeña. Me tuvieron semanas enseñándome a hacer cosas a base de crueldad, maltrato, palos y sangre hasta que las he aprendido a hacer cuando ellos quieren. ‘¿Sangre?’ la pregunté, sí porque me han arrancado los dientes y me han perforado la nariz esta es la manera en que me muestran quienes son los que mandan y que sepa lo que me ocurrirá si no obedezco. ‘¿Toda esa maldad por qué?’ pregunté, ahora me llevarán a lugares llamados circos a alegrar a otros humanos que se creen que yo lo hago por mi instinto o que soy así, no miran lo que verdaderamente hay detrás de esas exhibiciones. Si eso se lo hicieran a alguno de sus cachorros esto seguro que se terminaba. Pocos días después la hicieron lo mismo que a la gorila cachorra y se la llevaron.

Llegaron unos seres vivos que eran muy chiquititos todos hermanitos de una misma camada. Me dijeron que les habían metido en lo que los humanos llaman equipaje, dormidos con una sustancia que es la que utilizan para dormir a otros seres vivos muchísimo más grandes que ellos, los caballos. Ellas eran nutrias, pueden vivir en el agua y en la tierra. Tenían una carita muy alegre a pesar del mucho sufrimiento que llevaban en sus pequeñas espaldas. Con lo duras que eran las condiciones en las que viajan algunas habían muerto y ellas estaban muy débiles. Me explicaron que las capturaban porque su piel es muy deseada entre algunas humanas con dinero y que otras tienen la extraña creencia que les ‘da prestigio’ el tenerlas de mascotas encerradas en jaulas toda su vida. A los pocos días se repitió la misma secuencia que con los anteriores y se las llevaron.

Otro de los cachorros raros que llegó a aquel lugar infernal fue uno que se parecía a nosotros aunque bastante más grande, ¡era un cachorro y abultaba más que nuestros adultos! Le pregunté y me dijo que era de una rara especie de tigre de los que solo hay algunos en todo el planeta; ‘¿por qué solo sois unos pocos? ¿por culpa de alguna enfermedad que ha matado al resto?’ No, los humanos nos han estado cazando y matando por varios motivos: para quitarnos nuestra piel y que la luzcan sus familiares, lucirla de alfombra en el suelo o colgar nuestra cabeza de trofeo en sus paredes. ‘¿Tanta maldad puede tener el ser humano? ‘Eso no es nada’ me contestó. ‘A mí me han capturado para llevarme a la casa de alguien que tiene el capricho de exhibirme ante sus amistades como una ‘mascota’ rara; dentro de lo malo estaré en una gran jaula solo y sin compañía de mis iguales toda mi vida. Me asaltó una duda: ‘¿no hay humanos buenos que os defiendan?’ Él me dijo que sí que los había y que muchos al intentar ayudarles se habían encontrado que los que están detrás de toda esta maldad son muy poderosos llegando a ser víctimas también de esa misma maldad por intentar ayudarles. Había escuchado como a una pareja de humanos, muy conocida, que se dedica a ayudar a los seres vivos, había conseguido quitarles otro cachorro similar a él y devolverlo  a su hogar. Los poderosos les habían fastidiado bien la vida separando a la humana de sus cachorros y su pareja y metiéndola en una jaula donde se meten a los humanos que hacen cosas malas, ‘¿y cómo lo han logrado si lo único que quería es ayudar y hacer el bien a un ser vivo?’ pregunté yo; ‘con la ayuda de otros humanos influyentes, mentiras, engaños y falsedades. Todo les vale a esos ‘inhumanos’ con tal de salirse con la suya o vengarse de los que intentan pararles los pies y ayudar a sus víctimas’.

Había otros que tenían unas orejitas puntiagudas largas y un pelo blanco precioso. Les pregunté y me dijeron que eran conejos. Tenían zonas de su cuerpo en las que les faltaba el pelo y al preguntarles me contaron que a ellos no les llevaban a ningún lugar. ‘¿Por qué estáis aquí?’ pregunté, ‘nos quitan nuestro pelo y hacen prendas de vestir para que los humanos puedan abrigarse y presumir de ellas’. ‘¿Os lo cortan cada vez que crece?’ pregunté, ¡Ojala! Eso sería una caricia comparado con lo que nos hacen, nos lo arrancan a lo vivo, y si sobrevivimos cuando vuelve a crecer nos lo vuelven a arrancar de la misma manera. ‘¡Eso debe de ser horrendo!’ dije, ¡sí, horrendo y dolorosísimo la mayoría mueren a causa del dolor que les provocan innecesariamente! Me contestaron.

Otro grupo eran los visones,  ellos también estaban allí porque su piel les da mucho dinero a esos humanos. Les atontan con un gas y estando vivos les rompen el cuello. Lo más triste es que algunos estando aún vivos les arrancan la piel. ‘¿Por qué tanta crueldad?’ solté de rabia. Las hembras humanas piensan que llevar un abrigo hecho de nuestra piel les da más clase y elegancia. No quieren saber que ese abrigo está manchado de sangre y sufrimiento tremendo, un solo abrigo provoca la atroz agonía de 60 hembras de visón.

Un día vi a unos seres diferentes a los que había visto hasta entonces, me dijeron que eran Mapaches asiáticos y que su piel era muy parecida a la del zorro, yo no podía ya con tanta atrocidad, cuando me contaron cómo les hacían sufrir a ellos ya no pude más y comencé a llorar descontroladamente sin poder parar. ¡Los pegan hasta dejarlos aturdidos y aún vivos les despellejan porque así la piel sale mejor! ¡Mueren en una agonía terrible! ‘¿Estos humanos han probado estas técnicas con ellos? ¡Si lo probaran seguro que no se lo hacían a ningún ser vivo nunca más!’ comenté. Tiempo después me enteré de que la historia del hombre está plagada de maltrato, violación y tortura con todos los artilugios imaginables, solo por ser o pensar diferente.

Aún otros me contaron que con el objetivo de entrenar a los soldados humanos (que son los que se pelean en las guerras que tienen entre ellos),  para que puedan hacer que más congéneres viajen al arcoíris  y  su conciencia no les diga que están obrando mal utilizan les utilizan como víctimas en sus prácticas, cuantos más ‘animales’ maten más inmunizados estarán al matar después a sus iguales. También nos usan para probar los artilugios que usan en esas guerras y que sean más mortales y hagan daño al mayor número de humanos. Inventan un artefacto que explota, ponen a un montón de los nuestros allí y ven cuántos viajan al arcoíris en la explosión.

No solo los soldados humanos nos utilizan de experimento, las empresas que desean fabricar algún producto del cuidado de su piel, de su hogar,  maquillaje, etc., solo tienen que probarlos con nosotros haciéndonos las mil y una perrerías. Nos meten líquidos en los ojos, nos arrancan parte del pelo untándonos cremas en la piel a ver si se nos hacen heridas. Incluso nos hacen respirar toda clase de humo. Luego están los temidos laboratorios en los que prueban los remedios a sus enfermedades metiéndonos todo tipo de bichitos, provocándonos enfermedades y luego probando potingues a ver si se cura y la reacción que provoca. Y si es necesario nos abren en canal viendo lo qué sucede dentro de nuestro cuerpecito sin necesidad de habernos hecho viajar al arcoíris antes.

Era tan variada la cantidad de especies que aquello parecía un arca de Noé ¡pero de los horrores!. De las que más había –con diferencia- era de gatos y perros de todas las razas. Pude ver que a ellos les ocurría lo mismo que a nosotros los gatos, unos eran criados –en condiciones pésimas- para la venta de cachorros con pedigrí –que es como lo denominan ellos- Habitualmente entraban unas cajas grandes que dentro contenían unas veces perros y otras gatos todos ellos adultos. Los descargaban, los conducían a otra nave donde empezaban los lamentos y quejidos fuertes y profundos a los que seguía el temible olor a escaldado. Un día un perrito se escabulló de entre el grupo y vino a esconderse debajo de nuestra jaulita, yo –como soy tan curiosa- le pregunté y me contó que la mayoría de ellos eran perros o de la calle o con dueño que  se los habían cogido sin su consentimiento y los habían traído aquí. El viaje había sido infernal en esas jaulas atestadas, sucias, sin agua ni comida y que muchos habían cruzado el arcoíris aunque al parecer eso no les importaba porque de lo que se aseguraban era si la piel estaba bien o tenía cicatrices. Le comenté lo que veía que ocurría desde que llegaba cada cargamento pues era la misma secuencia de hechos y él me dijo que ya le habían advertido de que esos humanos ‘inhumanos’ se dedican a quitarles la piel y venderla por la ambición de ganar mucho dinero.

Ya llevaba un tiempo en aquel campo de exterminio y maltrato y había observado donde estaban situados los agujeros por los que escapar si veía la oportunidad.  Le indiqué la salida además de informarle de todo lo que aquí se hacía para que lo contara fuera a todos con los que se cruzara. Siguió mis instrucciones y pudo escapar sin que se dieran cuenta los humanos.

Todo esto ya era muchísimo más de lo que yo podía entender –aunque no haya razón posible que justifique tanta maldad y ensañamiento-  pero había más, mucho más, que iría escuchando y oyendo de sus propias víctimas.

Crecí y llegó el temido momento de la separación de mamá y el largo viaje al comercio. Me sacaron de la jaula y me metieron en otra similar en la que éramos muchos más cachorrillos. Estábamos hacinados, no podíamos ni movernos y como hacía mucho frío estábamos congelados. Aquel lugar era mucho más pequeño que lo que había sido mi hogar hasta ahora, las paredes eran de una tela gruesa que se cimbreaba según soplara el viento gélido. En un momento que pude mirar a través de uno de los agujeros que tenía esa tela lo que vi estaba cubierto por un manto blanco pero no sabía lo que era ni donde me encontraba. Seguían entrando jaulas repletas de más pequeños de todas las razas y especies variadas. El silencio era sepulcral pues no sabíamos a qué lugar nos iban a llevar ni qué sería de nosotros. Cuando aquel pequeño habitáculo se llenó de jaulas repletas, empezó a moverse y cogió velocidad. Los golpeteos y movimientos eran continuos lo que provocó en más de uno un mareo tal que los vómitos se esparcían por doquier. La tela que nos tapaba tenía agujeros y entraba mucho frío por todos lados. No tardaron en aparecer los primeros estornudos a los que siguieron poco a poco los malestares y las fiebres.

Pasaban las horas y aquello no paraba. Teníamos hambre, sed y frío. Algunos ya habían enfermado y la situación se complicaba por momentos. Por fin aquél cajón paró de su traqueteo. Abrieron las puertas y empezaron a mirar cada jaula. Sacaban a los que era evidente que estaban enfermos y los metían en un cubo grande que me recordó el del lugar donde nací ¡un escalofrío recorrió toda mi espalda!, ‘¿los estarán tirando a la basura?’ Era evidente que solo los sanos se quedaban.  Nos fueron introduciendo en otro habitáculo, este no iba con tela sino que llevaba algo rígido en las paredes, ‘¡por lo menos no pasará el frío!’ pensé. La cosa no mejoraba, esta vez nos fueron pinchando a todos para que cayéramos en un sueño profundo, al llegar a mí alguien llamó al humano y le distrajo pasando al siguiente. Gracias a ese despiste pude estar atenta a todo lo que ocurría y la duración del viaje.

Los cambios de caja se fueron sucediendo y como todos iban dormidos miraban a ver si su vientre se movía para saber si respiraba o había muerto debido al hacinamiento o la enfermedad. La imagen volvía a repetirse, el cubo y después el contenedor de basuras. La comida y el agua no se veían y mi debilidad aumentó.

De repente la caja se paró. Abrieron las puertas y la luz me cegó la vista por unos instantes, escuchaba a unos humanos gritar a otros, no sabía lo que ocurría. Cuando pude ver bien el número de humanos era tremendo: los que nos habían estado cambiando de cajas, unos con uniforme que eran los que les gritaban y detrás había otras humanas que tenían en sus manos guantes. Comenzaron a sacar jaulas y a cada cachorrillo. Dos humanas de bata verde iban con un aparato en las orejas escuchando la barriguita de cada uno, si respiraba o había dejado de hacerlo. Si lo hacía se lo pasaba a otras que directamente le pinchaban con una aguja un líquido transparente y si no lo metían en una cajita y la cerraban. Así hicieron con todos hasta que llegaron a mí. Al percatarse de que no dormía empezaron a hablar más rápido, trajeron un cacharrito con agua, ¡no paré en bastante rato de la sed que tenía! Después me trajeron otro cacharrito con una comidita blanda buenísima, ¡tenía tanta hambre que lo devoré en un abrir y cerrar de ojos!. Noté que mientras yo bebía y comía la humana que me sostenía no paraba de pasar su mano por mi espalda, no sabía lo que significaba aunque me pareció que era una buena señal porque me gustaba. Cuando terminé quedé tan exhausta que me metió en otra jaulita esta vez sola y me tapó con un trapito para que no pasara frío.

Caí rendida gracias al atracón y el cansancio de todo el traqueteo que nos habían dado. Al despertar me encontré en un lugar donde estábamos todos los sobrevivientes del viaje infernal. Aquél lugar era mucho más acogedor a pesar de la sencillez, creo que lo que lo hacía acogedor era el ambiente, se notaba que se preocupaban por nosotros pues a cada momento venían y nos colmaban de caricias y sonidos agradables además de tener más espacio y disfrutar de comida decente y agua limpita, sin olvidar la atención especializada de nuestra salud.

Poco a poco fui descubriendo que ese lugar era un refugio que ayudaba a  seres vivos, a recuperar su salud y a encontrar un hogar en el que vivir decentemente. Allí no estábamos solo los que habíamos sido rescatados de aquel viaje infernal, había un gran numero de rescatados de especies diferentes. Unos eran bastante grandes, parecían perros gigantes. Le pregunté al que tenía más cerca y me dijo que eran caballos, yo no sabía nada de ellos y me dio una explicación. Me dijo que desde siempre habían estado al lado de los humanos ayudándoles en sus tareas laborales cotidianas. Los hay de muchos tamaños, colores, y de pura raza. ‘Además de ayudar en las tareas domésticas nos han utilizado en carreras y en muchas competiciones deportivas que practican. Los de raza pura somos usados de sementales, se paga muy caro una monta de un caballo así. Requerimos de unos cuidados y un lugar amplio llamado caballerizas donde dormir y poder estar tumbados cuando estamos descansando o convalecientes’ me contó. ‘El que los humanos tengan caballos de raza es símbolo de prestigio y poder. Por uno de ellos se llegan a pagar cantidades elevadísimas de dinero de ahí que solo nos puedan tener los poderosos y ricos. Como nada es eterno, ha habido poderosos que han perdido todo el dinero y han tenido que abandonar todas las cosas que tenían incluidos nosotros los caballos. Su aprecio era solo por el prestigio que les dábamos delante de sus congéneres. Nadie se hacía cargo de todo lo que había allí y de nosotros menos. Se nos fueron terminando las provisiones de cereales y la comida se acabó. Mis compañeros équidos comenzaron a rascar la pared con sus patas y comerse la cal que las enlucía. Hasta que se acabó y ellos se fueron apagando e iniciaron el viaje al arcoíris. Yo aguanté como pude aunque estaba en las últimas. Comencé a sentir que la poca fuerza que me quedaba empezaba a salir de mi cuerpo y a abandonarme, pensé que era el final así que cerré los ojos’ siguió.

‘No se cuanto tiempo estuve inconsciente, me despertaron unas caricias y unos susurros de una humana en mi oreja. Concluí ‘ya lo he cruzado y debo de estar en el paraíso de los seres vivos, aquí nos respetarán y cuidarán’. De golpe sentí un fuerte pinchazo en una de mis patas delanteras que me hizo abrir un ojo y mirar. Vi varias personas alrededor mío con artilugios. Al principio me asusté pero la humana seguía acariciándome y susurrándome cosa que me tranquilizó. Otra se encargaba de lo que me habían pinchado en la pata y otras comprobaban si se podía ayudar a mis compañeros, aunque por su tono intuí que ya era tarde’ continuó. Volví a abrir un ojo y vi a la humana mirándome fijamente, al ver que yo la miraba acercó su cara susurrándome a la vez que me seguía acariciando el morro y el cuello, además me dio un beso con sus labios ¡hacía tanto tiempo que no sentía una muestra de cariño así! ¡Estos sí que eran humanos ‘humanos’!’ comentó.

‘Debido a que estaba muy débil y no podía siquiera hacer el intento de levantarme, movilizaron un camión parecido a los que nos trasladaban a las competiciones y me trajeron aquí para atenderme y vigilarme todo el día. Con tantas muestras de cariño y atención la mejoría ha sido más rápida de lo esperado y muy pronto podré trasladarme a las caballerizas con los demás compañeros equinos. Por suerte aquí los humanos que vienen a adoptar algún ser vivo son muy solidarios y buscan darnos una segunda oportunidad de vida mejor, no simplemente objetos de prestigio como mis anteriores amos o de semental para perpetuar la ‘raza pura’. Nos querrán y respetarán igual que otro miembro más de la familia’ terminó. Esta es la historia que me contó el caballo que estuvo junto a mí en la enfermería del refugio mientras estábamos convalecientes recibiendo tratamiento.

Pasaron los días y empezaron a venir humanos grandes y pequeños con el objetivo de “darnos una verdadera familia” y se fueron llevando a mis compañeritos del viaje infernal. Me llegó el turno a mí y gracias a todos los humanos buenos que se cruzaron en mi camino puedo hoy disfrutar de una vida cómoda y una familia humana que me adora.

Quizás te preguntes por qué estoy en estos concursos si solo son un escaparate donde lucir seres vivos de razas puras, contactar con otros propietarios con el propósito de concertar embarazos y ver quién tiene el más espectacular o raro; verás, mis compañeros humanos averiguaron que soy de raza pura y por lo visto poseo alguna característica rara de encontrar y muy apreciada en estos certámenes por lo que han decidido hacerme participar en ellos por dos razones: primero dar a conocer mi historia y que se conozca que el negocio del tráfico de seres vivos de raza que está lleno de maltrato y segundo dedicar ese dinero que ganan a ayudar a los refugios que se cuidan de los abandonados o rescatados –como al que fui a parar yo y de allí me adoptaron- porque los gastos son muchos y las ayudas escasas. Esta fue la historia que me contó la gatita en un concurso en el que coincidimos, terminó mamá.  Ella agradeció tanto esta experiencia que no perdía la oportunidad de compartirla con todos los pequeñines que iba criando ‘para que abran los ojos y estén bien atentos a todo lo que sucede a su alrededor’ me dijo.

Mamá también me contó que había humanos que hasta se divertían con los demás seres vivos, yo me alegré pensando que eso era bueno pero ella me dijo: ‘¿Por qué te alegras del sufrimiento ajeno?’ ¿Sufrimiento? Pregunté, ‘Sí, se divierten a costa del sufrimiento de los demás seres vivos. Tienen fiestas en las que los utilizan en sus diversiones hasta el extremo de provocarles mucho dolor y la muerte y las llaman ‘la fiesta nacional’, donde la gente ovaciona al humano que ataca y provoca al ser vivo y luego lo va matando poco a poco, en otros se nos utiliza de comida en fiestas, en otros se nos mata de regalo a cierto ser superior y en otros por simple tradición’.

No creas que es solo a nosotros a los que nos hacen estas barbaridades, todas las especies sin excepción están sufriendo este atropello y masacre. Todos los seres vivos raros o poco comunes son el objetivo de cazadores furtivos porque  humanos ricos pagan mucho dinero con tal de conseguir su cabeza y luego colgarla en la pared de sus grandes casas. Los elefantes son masacrados por sus colmillos, les encantan lucirlos en sus paredes o labrados de figuras. Muchos por sus pieles o son criados en criaderos –similar al que te acabo de contar en el que estuvo esa gatita- o directamente los matan en su hábitat y no tienen contemplaciones, ¡incluso a golpes! ‘¿Cómo pueden ser tan crueles mamá?’ pregunté. Se les ha educado así desde cachorrillos. No se les ha enseñado el respeto a los demás aunque no sean de su misma especie, han visto a sus progenitores disfrutar con la violencia y ellos han seguido el ejemplo no mostrando ni el más mínimo respeto por la vida ajena.

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