Capítulo 4:

EL ABANDONO

No pasaron muchos días cuando vino el humano mayor y me arrebató del regazo de mi mamá. Yo no sabía lo que ocurría, era tarde y no se veía nada. Durante un tiempo estuve en un lugar en el que me movía mucho. Poco después empecé a sentir frío y hambre. Al tranquilizarse todo llamé a mamá pensando que estaría cerca, no vino. Intenté moverme pero una cosa transparente me cubría todo el cuerpo impidiéndome cualquier movimiento además de estar asfixiándome. Traté con todas mis fuerzas deshacerme de esa envoltura pero cuanto más lo intentaba más me cansaba. Las fuerzas comenzaron a fallarme. Necesitaba los cuidados de mamá urgentemente si quería seguir viva. Lo único claro es que me había llegado el momento de la separación de ella. ¿Por qué razón? Ah, porque mi pelaje era diferente. Entonces todas las charlas que me había dado pasaron rápidamente por mi mente. Había llegado el momento del abandono, ¿dónde estaba? ¿quién me ayudaría? ¿qué sería de mí ahora?

Maullé tan fuerte como pude hasta que las fuerzas me abandonaron, no hubo respuesta, sentí que era el final. Noté que me elevaba y que una brisa fría recorría todo mi cuerpecito; ‘¿habré ’traspasado el arcoíris’ que mamá mencionó cuando nuestro hermanito falleció?’ Era lo más probable, hasta comencé a escuchar esos sonidos que emitían los humanos que me sonaban a música celestial. Eran agradables e iban acompañados de caricias parecidas a los lengüetazos maternales. Me costó un gran esfuerzo abrir los ojitos y comprobar que era una humana. Recordé todas las advertencias de mamá sobre ellos; un escalofrío recorrió todo mi cuerpecito pero no podía moverme por las pocas energías que me quedaban. A pesar de ello mi cabecita no paraba, ¿será una de esas humanas que no han aprendido a querer y respetar a los seres vivos? ¿qué me hará ahora? ¿Me despellejará y usará mi piel para fabricar un peluche con el que se entretenga su cachorro? ¿Voy a ser su cena? ¿Me va a torturar como diversión?

Me llevó a su casa donde empezó a hablar a través de un artilugio que tenía en la oreja en tono preocupado. Yo seguía muy débil. A pesar de todas las preguntas que me daban vueltas en mi cabecita algo me hacía sentir que me encontraba junto a mi ángel de la guarda. Al momento se presentaron otros humanos, volvieron a emitir esos sonidos ininteligibles de tono agradable al verme, acompañados de suaves caricias. En poco tiempo empecé a recibir un líquido blanco parecido a la comida de mamá, me frotaron la barriguita con una cosa húmeda que imitaba su lengua limpiándome y ayudándome a digerir el alimento. Había dado con una humana solidaria, con conciencia, que se conmovió al verme abandonada y decidió ayudarme. Si mamá me viera ahora descansaría aliviada al saber que su niña ha caído en las mejores manos posibles.

La mujer se esforzaba en suplir a mamá dándome todos los cuidados necesarios y no dejaba ni un momento de atenderme, poco a poco me recuperé de la situación extrema en la que me abandonaron. Queriendo asegurarse de mi estado de salud; un día me metió en un bolso cerrado similar al que metían a mamá para  llevarla a sus sesiones de belleza; cuando me sacaron vi un humano vestido de color verde que empezó a tocarme por todos lados, me abrió la boca, me metió una cosa fría en el culito y terminó comunicándose con mi ángel de la guarda en tono agradable. ¡Ahora recuerdo que esto era lo que mamá llamaba su visita regular al que cuida su salud! Sentí que todo iba bien a pesar de estar malhumorada por el toqueteo al que me había sometido. Como necesitaba ingerir alimento y los masajitos que estimulaban mi tripita muy a menudo varios humanos tuvieron que turnarse las primeras semanas debido a que mi cuidadora y salvadora tenía muchas cosas importantes que hacer, ir a un lugar al que llamaban trabajo, atender la casa y al resto de compañeros que había allí y también ir a ayudar a otros compañeros que sobrevivían en las calles. Nunca me dejaron sola o desatendida.

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