Capítulo 7:

EL TIEMPO

Algo tan simple como el tiempo meteorológico puede provocar en las voluntarias una variedad tan amplia de sentimientos, sobre todo inquietud y angustia. Me contaron mis compañeros de acogida.

En invierno, los días son más cortos y han de salir antes a alimentarles. Tienen que estar atentas, si anuncian lluvias para proteger el pienso y que no se moje. Es habitual que haga mucho frío por lo que les dan más ración de comida seca y húmeda para que tengan un aporte extra de energía. Si la lluvia va a durar se las ingenian debido a que ellos no faltan a su cita. Algunos se guarecen bajo los coches esperándolas y aguantando el chaparrón. No es raro que en esos días  las voluntarias y los callejeritos terminen mojados hasta los huesos intentando alimentarse.

Como en invierno nacen pequeñines llevan mucho cuidado por si la madre no aparece pudiendo cruzar el arcoíris del frío. Además están más propensos a enfermar, vigilan al máximo y actúan rápidamente. Sobre todo con las infecciones víricas en los ojitos que pueden dejarles ciegos con mucha rapidez y contagiarse a todos los hermanitos de la camada. Para que puedan guarecerse del frío, las voluntarias reutilizan cajas de corcho blanco y les hacen cobijos aislados. Las limpian, las adaptan, les abren una entradita y las recubren de plástico negro aislándolo del agua. En primavera y en otoño están también alerta ya que son las épocas del año en que más callejeritos emprenden su viaje al arcoíris. Están atentas a las amenazas de lluvia porque pueden ser torrenciales y en un momento ponerse chorreando y su salud resentirse.

En verano efectúan su labor más tarde debido a que los días son más largos y la gente sale a tomar el fresco evitando confrontaciones con los que no les caemos bien. Han de estar más vigilantes, con las hormigas trabajando a marchas forzadas la comida puede volverse inservible y el agua todo el día al sol crea moho que quitan con un cepillo con el que frotan el recipiente evitando que nos contagiemos de parásitos intestinales. Todos estos inconvenientes meteorológicos los palían poniendo en las colonias los comederos y bebederos dentro de garrafas con una ventana así  pueden meter la cabecita, comer y beber, teniendo el suministro siempre asegurado haga el tiempo que haga.

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