Capítulo 8:

EXPERIENCIAS

Con tantas cosas vividas los tres se fueron turnando y me fueron explicando diferentes historias que habían conocido de primera mano en los lugares donde habían estado recuperándose. Historias –todas ellas- que reflejan las dos caras de la moneda: la amarga y la dulce, la dura y la gratificante. Intentaré recordar algunas e irlas plasmando aquí.

Me contaron que una voluntaria que se desplazaba a una de sus colonias en uno de esos cacharros veloces, después de montarse en él y ponerlo en movimiento fue al lugar en el que adquieren los alimentos y cosas necesarias. Una vez allí al bajarse un humano la dijo: ‘lleva arrastrando a un gato atado a su coche’. ¡EL SUSTO DE LA VOLUNTARIA FUE MAYÚSCULO! cuando al agacharse y mirar…… allí estaba nuestro hermano agonizando, quemado por el roce con el suelo negro. La voluntaria lo llevó a toda prisa al lugar donde les atienden y después de interminables sesiones de curas logró salir adelante y seguir luchando. Ni qué decir tiene que la voluntaria no volvió a montarse en su artilugio sin antes mirar debajo.

Hubo otra voluntaria a la que angustiaba ver que otro de nuestros compañeros era demasiado cariñoso con todos los humanos y el peligro que esto suponía si daba con algún enemigo nuestro. Decidió llevarlo a un refugio al que van a parar todos los callejeritos que están en lugares peligrosos. Allí lo intentaron poner en una jaula con más congéneres, al ver que se ponía muy nervioso decidieron ponerlo en la enfermería a ver si iba acostumbrándose. Pasaron los días y él no se movía de la ventana de la enfermería ni a comer así que la  voluntaria decidió traerlo de vuelta a su calle. Desde entonces está la mar de feliz e incluso ha encontrado un hogar que le acoge con total libertad pudiendo salir si desea dar una vuelta y ¡visitar a los humanos que le dan alguna chuche! De esto la voluntaria aprendió que nuestra mentalidad es muy diferente a la de los humanos, mientras que nosotros vivimos el día a día sin preocuparnos por el mañana y sin temer los peligros que pueden acecharnos los humanos siempre están pensando en qué les podrá pasar, angustiándose y preocupándose buscando una solución.

Otra de nuestras compañeras fue atropellada por uno de esos trastos. Un humano que la vio, la llevó urgentemente a que los batas verdes la atendieran. La tuvieron que operar varias veces debido a un problema en su cuerpecito. Si volvía a la calle peligraba su recuperación así que una voluntaria decidió tenerla en su casa y que se acostumbrara a vivir con humanos. Encontró un hogar definitivo y está recuperada del todo, más feliz que una perdiz.

Un compañero comenzó a acercarse a pedir comida a un lugar donde los humanos van a coger cosas que necesitan. Allí una humana que trabajaba comenzó a darle una latita todos los días, él iba y se tumbaba en una mesa que ponían en la entrada llena de papeles, hasta el día que ese lugar cerró. Él siguió yendo a pedir comida a los vecinos consiguiendo que algunos le dieran algo. Una pareja empezó a dejarle latitas y este cuando les escuchaba salir a la calle o llegar en su cacharro veloz salía de su escondite y les seguía esperando que le hicieran unos mimitos; ni qué decir tiene que se encariñaron con él y decidieron subirlo a su casa, pero claro, nuestro compañero era callejero y quiso esa noche darse una vuelta así que insistió con su maullido. Le abrieron la puerta y se fue tan tranquilo. Al día siguiente se apostó frente a la puerta esperando que le abriesen para volver a su hogar de acogida. Una vecina lo vio, llamó a la puerta de la pareja y les dijo: “mirad quien tenéis aquí”. Huelga decir que desde ese día ya no volvió a salir y vivió feliz por muchos años. Hasta el día en que comenzó a tener problemas con su boquita. A pesar de darle las medicinas que dan los señores de la bata verde no mejoró y decidieron llevarlo directamente a que lo vieran. Al hacerle pruebas vieron que era una mala enfermedad y que no le esperaba nada bueno pues ya no podía casi ingerir alimento. Lo mejor que podían hacer era dormirle, que cruzara el arco iris lo antes posible y dejara de sufrir. La pareja lo acompañó en el inicio de ese duro viaje a pesar de que terminaron en un mar de lágrimas.

En una de las colonias una voluntaria alimentaba a una gatita jovencita que tenía un ojito blanco por una enfermedad de cachorrita lo que le impedía tener visión completa. Cada vez que venía la voluntaria ella se rascaba con sus pies ronroneando. Solo quería mimitos. Cuando esta se marchaba se quedaba sentada viéndola alejarse. Preocupada porque estaba en una zona peligrosa en la que muchos artilugios veloces pasan, decidió llevársela a su casa y allí sigue viviendo la mar de feliz y contenta.

En otra colonia había una cachorrilla jovencita que siempre que veía a la voluntaria se tumbaba en el suelo meneándose de lado a lado en señal de alegría. Esto alegraba y preocupaba en partes iguales a la voluntaria, era un halago que la recibiese así pero una preocupación ya que si se lo hacía al humano equivocado podría peligrar su vida. Por desgracia sucedió. Un día no apareció a su cita con la comida, extrañada comenzó a llamarla hasta que la vio salir tambaleándose de entre unos matorrales y dirigirse a otros sin prestarle atención. Muy preocupada intuyendo lo peor la cogió y la llevó con urgencia a que la vieran los que se cuidan de nuestra salud. Allí la dijeron que iba ‘apagándose’ y que no sobreviviría mucho tiempo porque bajaba de temperatura su cuerpecito, señal que en pocas horas cruzaría el arcoíris. La voluntaria se negó a devolverla a su lugar en la calle, eso habría significado su  viaje seguro y se la llevó a su hogar a pesar de que tenía alguno más. Ni que decir tiene que esa noche la pasó en vela con la cachorrita envuelta en una cosa que llaman manta y que es muy calentita. En contra de lo que había dicho el señor de la bata verde, sobrevivió y hoy está feliz formando parte de su familia.

Otras veces las cosas no salen como se planean. Una de nuestras compañeras se alimentaba en una colonia, la voluntaria viendo que era muy dócil decidió darle una oportunidad y llevarla a una casa. A pesar de que estos humanos tenían un perro enorme querían tener un gato. Ella les explicó el lento y largo proceso de adaptación sufrir. La voluntaria lo acomparuzara el arco iris lo antes posible y dejara de sufrir. La voluntaria lo acompano podcidique le  que tenían que hacer para asegurarse de que no hubiera ningún problema y todos pudieran convivir en paz. Los humanos decidieron desoír esos consejos y que nuestra compañera conociera lo más cerca posible al gigantón perruno. Lo único que pudo hacer la callejerita fue esconderse lo más alejado posible de él. Pasaron los días y los humanos no prestaban atención a la situación, ella enfermó y decidieron llamar a la voluntaria diciéndola que nuestra compañera estaba mal, algo la pasaba. Al llegar se la encontró muy debilitada debido a todo el tiempo que llevaba estresada por la situación y la dejadez de los humanos. Con este panorama montó en cólera, la cogió y se marchó rápidamente dirección a los batas verdes. Estuvo en tratamiento fuerte durante bastante tiempo en su casa. También tuvieron que sacarle todos los dientes de su boca debido a que los rechazaba,  provocándola mucho dolor y problemas al comer. Al final decidió adoptarla a pesar de que el trauma que pasó la afectó por muchos años, la hizo tan desconfiada que a pesar de haber otros callejeritos allí ella no se relacionaba con nadie. A veces las cosas se tuercen y las consecuencias son imprevisibles.

Una de las veces hubo que acudir a una llamada de urgencia porque un cachorrillo había quedado encerrado en un lugar donde guardan los artilugios veloces. Allí encerrado malvivía y la humana que lo alimentaba acrecentaba el problema, en vez de minimizar los efectos los esparcía por todo el lugar generando las quejas de los otros congéneres. La voluntaria cogió al pequeñín, lo metió en una jaulita y juntas lo llevaron a un lugar en el que –según la humana que hizo la llamada de urgencia-  estaría muy bien porque tenían otros más allí. Al acercarse la voluntaria pudo ver que era una casa grande con bastante jardín. Al hablar con los humanos de allí les explicó que lo mejor para que el pequeño se habituara era ponerlo en una habitación cerrada unos días y poco a poco irle mostrando el lugar. Comenzaron a poner en duda esos consejos diciendo que las cosas allí se hacían como ellos querían. Intentó explicarles de nuevo las consecuencias si decidían hacerlo a su manera mientras la humana que hizo la llamada abrió la jaula y el chiquitín salió a toda prisa escapando y perdiéndose por el monte. La voluntaria se enfadó muchísimo, mientras los demás la decían ‘ya volverá cuando tenga hambre’. Ella no quiso saber nada más y advirtiéndoles que no volvieran a contar con ella si luego decidían hacer las cosas a su forma. Ni que decir tiene que se marchó con una sensación de amargura y preocupación tremendas por el pequeñín.

Otra voluntaria encontró a un callejerito malherido, lo llevó rápido para que recibiera atención y allí estuvo días ingresado porque tenían que curarle una herida que tenía en su nariz y que no sanaba. En vista de la situación decidió llevárselo a su casa y hacerle las curas necesarias pero continuaba sin curarse a pesar de que había ganado peso en ese tiempo. Pasaron los días y la herida seguía igual, sin embargo el callejerito parecía estar cambiando de carácter y por momentos no conocer a su cuidadora. Decidió volver a llevarlo para que los humanos de la bata verde lo vieran. Después de hacerle cosas con unos aparatos vieron que algún humano salvaje le había disparado con una pistola y tenía una bola metálica alojada en su cabecita por lo que tuvieron que ayudarle a traspasar el arcoíris y que dejara de sufrir, provocando una profunda tristeza en su cuidadora.

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