Capítulo 9:

LA MOTIVACIÓN

Algo que diferencia al humano del resto de seres es que está dotado de la conciencia: ‘es una voz interior que les ayuda a distinguir lo bueno de lo malo’ ‘les puede acusar o excusar’. Para que avise de la manera correcta ha de entrenarse, igual que se hace con los cachorrillos para lleguen a ser adultos que puedan valerse por sí mismos. La entrenan normalmente cuandoles enseñan con palabras y hechos qué es el respeto hacia los demás seres vivos, cómo ayudarles y lo que no se les debe nunca hacer. También se puede entrenar de adulto dependiendo de con quien uno se asocie, si lo hace con humanos respetuosos y solidarios su conciencia se irá poco a poco impregnando de esos valores y los copiará; pero si se asocia con congéneres violentos, maleducados y egoístas terminará viéndolo normal y lo pondrá en práctica sin ningún tipo de remordimiento.

Se han dado casos de humanos que han sido violentos y al cambiar de compañías se han vuelto más solidarios y empáticos con los demás seres.  Esa conciencia les hace no quedarse impasibles ante el dolor ajeno porque es como un golpe interno que les impulsa a la acción sin poder remediarlo. Una conciencia molesta puede ser muy dolorosa de soportar.

En esta era tan avanzada los humanos en su conjunto están pasando por una crisis de sentimientos y valores. Han silenciado tanto la voz de esa conciencia que la han llegado a matar convirtiéndose en seres capaces de cualquier cosa sin ningún complejo, remordimiento o freno. Hoy la mayoría de ellos solo piensan en sí mismos sin importarles los demás, se creen superiores por raza, color de piel, lugar de nacimiento, etc., carentes de amor tratan a los demás bruscamente, con falta de consideración y despotismo. Han perdido hasta el cariño natural que debe de imperar en la familia y si para conseguir algo que desean han de engañar a otro no dudan en hacerlo sin escrúpulos ni remordimientos. Su objetivo en la vida es solo ellos. Si se comportan así con sus congéneres peor aún lo hacen con los demás seres vivos a los que consideran inferiores.

En esta generación deshumanizada los cachorros humanos se divierten con máquinas -relegando el contacto con sus iguales a un segundo plano- en las que practican todo tipo de violencia, algo que poco a poco les va inmunizando la conciencia porque cada vez es más gráfica y sádica, de ahí que se den tantos casos de ataques y maltratos hacia nosotros, los ‘animales’ que ellos consideran inferiores, con auténticas salvajadas que me ponen los pelos de punta hasta del rabito. El verdadero problema es que si no ponen soluciones rápidas esos cachorros irán creciendo y sus fechorías aumentando en gravedad y cantidad además de que llegarán a sufrirlas sus propios congéneres. No son extraños los ataques a otros cachorros humanos a los que amedrentan, pegan, amenazan y hasta los hacen cruzar el arcoíris en algunos casos graves. Tampoco son extraños los casos de cachorros que tienen asustados a sus progenitores con todo tipo de coacciones, presiones, expresiones, amenazas y agresiones.

No se dan cuenta de que todos –indistintamente de la especie a la que pertenezcamos- nacemos de forma similar, crecemos, nos reproducimos y después envejecemos y morimos. Nada nos diferencia porque de la misma manera que venimos a este mundo nos vamos de él. Debido a esto hay humanos que deciden suplir esta falta de valores y cualidades en sus congéneres ayudando a otros seres vivos, en este caso a los callejeritos.

La gran mayoría de humanos que deciden compartir su vida adoptando un callejerito terminan reconociendo que tiene sentimientos superiores a muchos humanos y los llegan a querer incluso más que a algunos de sus consanguíneos. ¿Exagerado, desmesurado? Bueno, sentimientos como el amor, la compasión, la fidelidad, la empatía y la gratitud que deberían verse entre los humanos son lo que las voluntarias dan y reciben a diario en su trato con nosotros.

El amor:  Es –según lo describen los propios humanos- el afecto y apego que existe entre seres. Un humano respetado lo describió así hace muchos de años: ‘el amor es sufrido, bondadoso, no se hincha, no es celoso, todas las cosas las aguanta y nunca falla’. Todo esto se plasma en la diaria labor de ‘la voluntaria’. Los callejeritos sabemos lo sufridas que son ya que todos los días –sin excepción- vienen a alimentarnos no importa si llueve, hace frío o mucho calor. Sabemos que son bondadosas porque vienen a ayudarnos compartiendo lo que ellas tienen para que podamos sobrevivir. El orgullo estropea muchas relaciones, hace que los humanos se hinchen y se crean superiores a otros, pero las voluntarias están dispuestas a ayudarnos ‘humillándose al tratar con seres inferiores’ como algunos de ellos  nos consideran. Su amor hacia nosotros les ayuda a aguantar todos los improperios que reciben de los que no nos quieren. Y sabemos que ese amor es verdadero y no fallará por lo que acudimos a la cita diaria seguros de que allí ellas estarán.

La compasión: hace –según lo mencionan los propios humanos- que uno sienta lástima con el sufrimiento ajeno y esto crea en él el deseo de hacer algo para paliarlo. Esta compasión que nos tienen las voluntarias hace que les sea imposible no ayudar hasta a los callejeritos que se cruzan en su camino aunque no los conozcan. Todas llevan en sus carritos o artilugios veloces ‘comida por si acaso’. Se asocian en grupos para poder ayudar a más, incluso colaboran entre esos grupos para lograr más en esta titánica labor.

La fidelidad: hace –según ellos mismos- que el humano cumpla con sus compromisos y los mantenga aún con el paso del tiempo y las distintas circunstancias de la vida, ellas demuestran día a día y que tienen un compromiso firme y sólido de ahí que nosotros estemos tan agradecidos. Ellas lo comparan a un fuego interior que les impide quedarse en su casa haciendo otras cosas debido a que su conciencia les dice una y otra vez ‘estarán allí esperándote a la intemperie y hambrientos’.

La empatía: es –según los humanos- sentir el dolor de otro ser vivo dentro de ti y hacer algo por aliviarlo. Ellas sienten nuestro sufrimiento al intentar sobrevivir en las difíciles calles, buscarnos el alimento, aguantar las inclemencias del tiempo y esquivar los peligros que nos acechan, de ahí que esa empatía les mueva a venir en nuestra ayuda, alimentarnos y darnos la ayuda especializada si la necesitamos. Todo su afán es mejorar nuestra vida y que sea más llevadera.

La gratitud: que sentimos los callejeritos al verlas venir cada día nos hace corresponderlas con lo poco que tenemos que es nuestro agradecimiento. Unos se dan volteretas en el suelo, otros nos frotamos con sus pies, otros hasta se ponen a  juguetear pero todos al unísono salimos de nuestros escondites con los rabitos tiesos de alegría. Ese momento es el más agradable para ellas ya que es una bienvenida y un ‘muchísimas gracias por acordarte de mí’ con el que las obsequiamos.

La regla del dar poco y recibir mucho se cumple a rajatabla con nosotros los callejeritos. A diferencia del ser humano, que por mucho que le des o más favores que le hagas, cuando no le interese –o el esfuerzo sea mayor de lo que está dispuesto a hacer– te abandonará o traicionará dejándote un vacío y una sensación de desengaño muy difícil de paliar; nosotros estaremos igual de agradecidos siempre y no nos olvidaremos nunca aunque pase mucho  tiempo.

Hay callejeritos que tienen alguna discapacidad y los demás no los vemos diferentes ni los discriminamos; ellos mismos tampoco se sienten inferiores o se deprimen pensando en lo que no pueden hacer o qué será de ellos el día de mañana. Son felices viviendo el hoy y teniendo alimento con el que saciar su apetito. Un humano relevante dijo hace muchos años ‘suficiente para cada día es su maldad’. Los humanos por el contrario suelen discriminar a los que tienen alguna discapacidad sean de los suyos u otros seres vivos. Es demasiado usual ver que la mayoría de los callejeritos que están en los refugios son discapacitados y llevan mucho tiempo allí porque adoptan a pocos.

Los humanos basan su felicidad en las cosas que poseen y que han de pagar un alto precio de tiempo y esfuerzo. Una vez conseguidas o quedan obsoletas enseguida o pierden el aliciente y la ilusión. Nuestra felicidad no depende de nada material, solo con la porción de alimento imprescindible y un lugar donde cobijarnos ya tenemos suficiente. Nosotros llegamos a ser agradecidos hasta el punto de acudir a la cita con ellas solo porque nos vea. Han habido casos en los que el compañero ha ido solo a despedirse de la voluntaria, su instinto le decía que pronto iba a cruzar el arcoíris. La voluntaria lo ha percibido y le ha dedicado sus últimos halagos y caricias con el corazón roto de dolor y tristeza.

Hasta los humanos que se dedican a estudiarnos han llegado a la conclusión de que tenemos sentimientos iguales o ‘superiores’ a ellos. Ha habido casos en los que el adoptante ha enfermado gravemente y el callejerito también ha desarrollado la misma enfermedad debido a la conexión tan fuerte que establecemos. Por lo que no es de extrañar que las voluntarias se sientan tan bien a nuestro lado porque se sienten recompensadas con creces.

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