LIBRO

CAPÍTULO SEGUNDO:

PRIMERAS LECCIONES:

     Mamá siempre aprovechaba el tiempo en que estábamos alimentándonos dándonos instrucciones y preparándonos para lo que vendría después, sin embargo todos nosotros preferíamos relajarnos apretando la mama con nuestras patitas e ingerir un buen trago de leche que prestar atención a esos discursos interminables. Ella sabía que era vital dárnoslos debido a que el tiempo corría en nuestra contra y según fuéramos creciendo, madurando y experimentando los íbamos a necesitar. A pesar de que no entendíamos nada ahora.

     Las lecciones de mamá se sucedían una detrás de la otra. Decía: ‘de lo malo también se aprende’; ¿lo malo? si a ella la trataban como una reina en un hogar en el que todos la querían y respetaban. Tenía alimento de calidad. Un lugar muy confortable donde poder descansar –aunque ella elegía el que le apetecía-, sesiones de acicalamiento, belleza y todo lo que necesitara; y a nosotros con ella no nos faltaba de nada. Sin embargo poco tiempo después descubrí la razón. Un día mamá nos puso a todos en fila y nos dijo que nos observáramos unos a otros y después le dijéramos las diferencias que veíamos entre nosotros. Cuanto más miraba a mis hermanitos más iguales les veía: al ser la más impulsiva contesté la primera: ‘mamá yo veo que todos tenemos cuatro patitas, dos orejitas, dos ojitos, unos cuantos bigotitos….. ¡ah, ya lo sé, yo tengo el rabito más largo!’ ‘Observa mejor’ me dijo. Seguía esforzándome por ver esas supuestas diferencias que ella quería que viese pero no las encontraba. Hasta que una de mis hermanitas dijo ‘ella –refiriéndose a mí– tiene el pelo de colores. ‘¡Anda tonta! ¿qué tendrá que ver eso?’ repliqué. ‘Mucho’ dijo mamá. ‘Te hace diferente del resto de tus hermanitos. Eso no está bien visto entre los humanos que buscan gatos de nuestra raza y te traerá problemas’ contestó mamá. ‘¿Raza? ¿Problemas?’ pregunté. Mamá pasó a explicarme: ‘La raza es un grupo de seres vivos que tienen las mismas características: el pelo, la forma de la cabeza o del cuerpo, etc., y estas se transmiten de padres a hijos’.

     ‘Los humanos que nos cuidan lo hacen porque les gustan los gatos de esta raza en concreto. A mí me acicalan, cepillan, limpian, etc., para que luzca lo mejor posible en unos lugares donde nos exponen, si soy la más guapa les dan premios que colocan orgullosos en sus estanterías además de ganar algo llamado dinero con lo que adquieren cosas que necesitan o desean, ¿ves todas esas copas que hay ahí arriba en la pared? Pues esos son los premios que yo les he ayudado a ganar. Ellos se sienten orgullosos e incluso los enseñan a sus visitantes, les hacen creerse mejor, incluso que otros de su entorno, piensan que tener un ser vivo de pura raza les da algo que los demás no tienen. Y para ellos es una oportunidad de negocio haciéndonos parir y vendiendo nuestros cachorrillos, por eso si sale alguno diferente –igual que tú- lo rechazan, no lo quieren y se deshacen de él lo más rápido posible’.

     ‘Cuando ves que me meten en esa caja y me sacan de aquí, me llevan a un lugar en el que miran que mi salud esté bien y después me hacen una sesión de belleza lavándome el pelo, secándolo con un aparato que sopla aire caliente y cepillándolo hasta la saciedad quitando el pelo muerto y los enredones’. ‘¡Vaya vida que nos espera!’ dije yo interrumpiéndola, ‘sí esa vida les espera al resto de tus hermanitos, por desgracia a ti no’, ‘¿por qué no? ¿he hecho algo malo y me van a castigar?’ Pregunté. ‘No, no has hecho nada malo, la única razón es porque tu pelo no es el que lucimos los gatos de esta raza, ¿ves ahora que tus hermanitos y yo somos diferentes a ti?’ ‘Bueno, lo veo aunque no lo entiendo’ contesté. En mi cabecita no cabía algo tan nimio como el que por el color del pelo se llegase a discriminar a otros. Debido a que todavía no podía procesar bien toda la información pensé que mamá exageraba.

     En otro momento mamá decidió volver con el tema y me dijo: ‘¿Has visto a los humanos pequeños señalar tus mechones de colores a los mayores?’ ‘Sí mamá’ ‘hasta para ellos eres diferente, lo que han visto en esta casa desde que yo estoy es que aquí solo se quedan los que son del mismo color; bueno se quedan hasta que ya pueden comer solitos y dejan de mamar. Vienen otros humanos y se los llevan muy ilusionados. En todos los años que llevo con ellos he visto a los diferentes desaparecer antes de poder valerse solos y mi intuición me dice que tu vas a seguir ese mismo camino, ¡come todo lo que puedas, aliméntate mucho! dentro de poco te separarán de nosotros y conocerás lo que es el sufrimiento y el hambre. Ahí afuera impera la ley del más fuerte, la calle está llena de peligros y seres malvados que hacen todo tipo de fechorías’. Huelga decir que a pesar de no entender muy bien la gravedad de la situación solo unos mechones mamá logró meterme el miedo en el cuerpecito y seguí sus instrucciones alimentándome todo lo que podía. A partir de ese momento empecé a observar cada visita de los humanos –fueran mayores o pequeños- y a percibir lo que mamá me había estado avisando. Cuando los pequeños señalaban mis mechones los mayores hablaban en tono serio mientras que al ver a mis hermanitos su rostro se alegraba mucho. Es más, algo que también pude notar en el momento en el que los pequeños iban a coger a algún hermanito mío los mayores les daban un aviso para que lo hicieran con cuidado, rápidamente se los quitaban de las manos y se los devolvían a mamá; cuando me cogían a mí no había ninguna señal de aviso y me tocaban, manoseaban, paseaban, jugaban y volteaban todo lo que les venía en gana, ¡así quedaba de cansada! Lo que antes veía como una señal de preferencia, -siempre era yo la que estaba con los humanos pequeños- ahora se había convertido en una señal de preocupación, miedo y hasta pánico. Las palabras de mamá daban vueltas continuamente en mi cabeza a la misma velocidad que estando en las manos de los pequeñajos.

     De repente ocurrió algo que me volvió a cambiar los esquemas. Uno de mis hermanitos –que era de raza según el criterio de mamá- tenía un ojito que le lagrimeaba, lo que le provocaba que después de dormir el párpado lo tuviera pegado y ella tuviera que lamerlo insistentemente para despegarlo. Por más que intentaba curárselo, el ojito parecía crecer y crecer. Mamá se esforzaba en ocultarlo cuando los humanos venían a vernos, un día que decidieron coger a mis hermanitos uno a uno observándoles, vieron que algo no iba bien en su ojito. Pusieron rostro serio, susurraron fríamente y se fueron llevándoselo rápidamente. Mamá rompió a llorar desconsoladamente. No había lametón que la consolase, solo repetía una y otra vez: ‘No es justo, es un ser vivo igual que los demás, tiene derecho a la vida, es mi hijo, ¿le haríais eso a uno de vuestros cachorros?’

     Cuando se calmó decidió ampliarme la lección, me dijo: ‘¿Has visto lo que han hecho los humanos?’ Yo la dije, ‘sí mamá, se lo han llevado a un lugar mejor, él si que tendrá una familia que lo querrá porque es de raza ¿no?’. Ella me explicó: ‘No hija no, el ojito de tu hermanito se ha hinchado debido a una enfermedad que muchos de nosotros pasamos al ser pequeños, hay que tener cuidado debido a que se puede contagiar entre chiquitines, pero si se vigila no es mortal y se cura’. ‘Entonces’ -repliqué yo- ‘¿por qué se lo han llevado?’ ‘Ha sido por la misma razón que un día te llevarán a ti, los humanos que vienen alegres a llevarse al resto de tus hermanitos solo buscan gatitos sanos y de pura raza, los que tienen algún defecto como tu hermanito que le iba a quedar el ojito un poco diferente o tu que tienes el pelo lleno de mechones de colores no los quieren’. ‘¿Por qué a él tampoco si es de esa raza que dices?’ pregunté. ‘Consideran que ya tiene un defecto a pesar de que solo se le verá un ojito de un color diferente al otro. Estéticamente no serán iguales’, me contestó. ‘No lo entiendo mamá, repliqué’. ‘Hija, en este aspecto los humanos dejan mucho que desear. Entre ellos mismos se hacen todo tipo de desprecios y distinciones: la raza, el lugar de nacimiento, el color de su piel, el nivel de vida, los estudios, el sexo, la discapacidad, etc. Cariño tu nunca desprecies a nadie por cosas de tan poca importancia’. ‘Mamá, no entiendo que se pueda despreciar a algún ser vivo por todo eso. ‘A ver cielo, los humanos son diferentes al igual que nosotros los felinos somos diferentes, unos son de piel blanca y otros de piel negra’, ‘¿solo por el color de su piel ya se desprecian?’ ‘Sí hija, por esa trivialidad. Además lo hacen con el lugar de nacimiento, se creen mejores los que han nacido en un lugar que los otros; ‘¿cómo? ¿solo por el lugar de nacimiento se desprecian?’ ‘Sí hija sí. Luego está el color de su piel, los hay que la tienen un poco más tostada que otros o que tienen pequeñas diferencias en la forma de sus ojos, boca o nariz’; ‘¡Mamá, es que despreciar a mis hermanitos porque tengan los bigotes más largos, las orejitas más puntiagudas, o el pelito de otro color no lo veo normal!’ ‘Hija yo tampoco, es así de raro. Hay más todavía, están los que se ven superiores debido a que tienen un nivel de vida alto’, ‘¿qué es eso?’ ‘Son los cacharros que pueden adquirir o la casa más grande que pueden tener. Además también se discriminan por los estudios que tengan; los humanos van a unos lugares donde aprenden y aprenden, cuantos más años se pasen aprendiendo más elevado creerán que es su nivel y más superiores se sentirán a los demás –aunque sean de su misma raza, lugar de nacimiento, etc.’ ‘O sea mamá que ¿cuanto más estudian más discriminan?’ ‘Parece contradictorio mi niña’. ‘¿De qué sirven tantos estudios si solo los divide más?’ ‘Bueno, eso le ocurre a la gran mayoría, aunque siempre hay una minoría que no se deja llevar por esas distinciones. Luego están los que discriminan a otros solo por su sexo, hay muchos machos humanos que piensan que las hembras son menos inteligentes, menos fuertes, etc., y las ven inferiores. Y como conclusión a esta lección están los que ven a los que tienen alguna parte de su cuerpo diferente debido a un accidente o una enfermedad –igual que el ojito de tu hermanito- inferiores’. ‘Mamá, creo que el mundo de los humanos es demasiado complicado, con lo sencillo que es el mundo gatuno’. ‘Tienes toda la razón cariño, tu nunca discrimines a nadie, todos somos seres vivos y merecemos la vida, el cariño y el respeto’.

     Otra lección que nos enseñó mamá fue a compartir. ‘No tenéis que ser egoístas buscando la mama más llenita o el lugar más cómodo en mi regazo. En esta vida –por desgracia- las cosas no son fáciles a pesar de estar tan bien cuidados. ¿Creéis que es fácil aguantar las largas sesiones de acicalamientos a las que me someten con todo tipo de artilugios y productos con que me rocían el pelo y que luzca brillante y sano? ¿Pensáis que es fácil aguantar que me traigan a un ‘don juan’ que te han escogido, que me deje embarazada y parir cada poco tiempo y que los ‘dueños’ hagan negocio con unos hijos míos y a otros los abandonen simplemente porque no son como ellos quieren? Si mi vida cómoda no es fácil, la vida de los que son abandonados es muchísimo más difícil todavía. Nuestro instinto nos hace juntarnos en manadas o grupos en los que todos colaboran, se apoyan y se ayudan. Tenéis que aprender la generosidad que es el hacer a los demás lo que te gustaría que ellos te hicieran, hoy pueden necesitar ayuda ellos y mañana la necesitaréis vosotros y si no habéis compartido antes no esperéis que ellos compartan entonces’.

     Algo que también nos enseñó es que a diferencia de los humanos que solo ven el exterior de los demás seres vivos y eso les lleva muchas veces a equivocarse, nosotros no nos fijamos en el exterior, si es alto o bajo, gordo o delgado, blanco o negro, guapo o feo, macho o hembra, si tiene una discapacidad o es normal. Nosotros vemos sus cualidades y podemos percibir si ese humano nos va a ayudar o por el contrario nos puede hacer daño, esto es parte de nuestro instinto y nunca nos falla. Utilizad bien ese sentido y que os lleve a escoger bien al humano al que acercaros solo así os ahorraréis muchos desengaños, sufrimientos físicos y dolor emocional.

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